Editorial | Política porteña

El unicato

Con estas elecciones parlamentarias se consolidará en nuestra ciudad un extraordinario proceso de hegemonía política neoliberal que recorre casi toda la historia autónoma del distrito, ahora con la emergencia de una vertiente más radicalizada, que procura desmontar el sistema de derechos sociales conformado en el país durante el siglo XX.
Buenos Aires, 9 de noviembre de 2021. Este fenómeno político se afianza como una salida por derecha de la abrumadora crisis económica, social y política en la que precipitó al país el gobierno de los CEOs macristas. ¡La misma medicina que hundió a Argentina, en dosis mayores, prometida como remedio de todos los males! Parece absurdo, pero no lo es.

Por un lado, la consolidación de una mayoría de derecha en la ciudad corre paralela a la mayor distancia social que se fue dando a medida que, crisis tras crisis, los ganadores del sistema lograron hacerse con una porción creciente del producto social. 

Autopercibidos como los que tienen derecho a la riqueza por ser los más aptos, naturalizan la exclusión de la ciudad -su privilegio- de los más pobres, reducidos a precarias existencias en los márgenes internos o externos, escondidos en tugurios miserables que existen en cada barrio o en las calles. Verbalizan la violencia social de sus privilegios descalificando con insultos a todos los que no son o no piensan como ellos. Esa ciudad blanca y opulenta desprecia al conurbano y piensa a sus habitantes como ajenos a su mundo. 

Por el otro, el neoliberalismo se ha instalado como razón organizadora del sistema mundo capitalista y esto incluye al propio estado, cuya eficiencia supuesta se mide con criterios empresariales, persiguiendo objetivos competitivos y el reconocimiento de cierto mundo tomado como parámetro deseable de progreso. Esa utopía modernizadora es profundamente reaccionaria, porque preconiza las ventajas de la desigualdad, al tiempo que promociona la auto superación y el emprendedurismo. 

Por último y como resulta lógico, el neoliberalismo es egoísmo en acción. La solidaridad social no entra en su menú. ¿Por qué habría de renunciar voluntariamente, aunque sea a una parte minúscula de su riqueza, cualquiera que piensa que los pobres lo son porque no se esfuerzan lo suficiente o porque no han sabido aprovechar sus oportunidades? Ante la evidencia de la crisis, sienten la amenaza de ser despojados de algo de lo que detentan como propio y se defienden violentamente. Los avances en derechos de otres los viven como recortes de los que consideran “sus derechos”, aunque sean solamente privilegios. Y gran parte de ellos los han obtenido por el hecho de nacer en las familias del poder.

Milei, visto así, resulta un emergente lógico de la desigualdad y la crisis. Promueve una interpretación de la realidad que resulta funcional a la preservación de los privilegios de los más poderosos y propone como solución de los problemas desproteger más a los más débiles, desmantelar el Estado y repudiar a la política, denunciada como “casta” culpable de todos los males. 

Estas razones ideológicas de la hegemonía política del bloque de derechas en nuestra ciudad se refuerza con el accionar de todo el aparato mediático nacional, hiperconcentrado en nuestro mismo territorio. Cada vez más monopolizado, el pulpo extiende su control a todos los canales de circulación de información, desde internet hasta la radio alternativa, pasando por las redes sociales, la televisión y los grandes diarios. Todas las pantallas trasmitiendo en cadena, terminan de consolidar un unicato que es la negación misma de la democracia.  
Lic. Gerardo Codina
 


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