Porteñas | Cambios en el reciclado

Peligran 7000 puestos de trabajo

Las 12 cooperativas de reciclado urbano de la Ciudad de Buenos Aires encendieron las alarmas al denunciar que el nuevo pliego de licitación para la gestión de residuos reciclables pone en riesgo la continuidad del sistema que sostienen desde hace más de dos décadas y amenaza directamente 7.000 puestos de trabajo. La iniciativa oficial, presentada como una modernización tecnológica, es cuestionada por las organizaciones que advierten sobre el impacto social, ambiental y económico que tendría un cambio de modelo sin contemplar la experiencia acumulada por los recuperadores urbanos. Buenos Aires, 4 de agosto de 2026. El sistema de reciclado porteño se consolidó a lo largo de los últimos veinte años gracias al trabajo cotidiano de miles de personas que recorren las calles para recolectar materiales reciclables, a la participación de vecinos que separan en origen y al compromiso de empresas e instituciones que acompañaron la construcción de Centros Verdes y la instalación de Puntos Verdes en distintos barrios. Este entramado permitió que Buenos Aires se convirtiera en una referencia regional en materia de gestión ambiental urbana, con resultados concretos: miles de toneladas de materiales recuperados cada mes, reducción del volumen destinado a rellenos sanitarios y generación de empleo para miles de familias.  

Las cooperativas sostienen que el pliego de licitación genera incertidumbre sobre la continuidad de este modelo y que, lejos de fortalecerlo, podría desarticularlo. Según datos aportados por las organizaciones, una sola cooperativa logra recuperar unas 1.200 toneladas de materiales reciclables por mes, una cifra que equivale al volumen de un estadio de fútbol lleno, a 1.000 automóviles o a siete ballenas australes. Esa magnitud da cuenta de la importancia del sistema y del riesgo que implicaría su debilitamiento.  

El Gobierno de la Ciudad presenta la iniciativa como una modernización que incorporará herramientas tecnológicas y sistemas de geolocalización para optimizar la gestión. Sin embargo, las cooperativas remarcan que la discusión de fondo no pasa por la tecnología, que consideran necesaria y bienvenida, sino por la preservación de una política pública que ya demostró eficacia. “La incorporación de tecnología puede mejorar el sistema, pero no puede reemplazar el trabajo humano ni la organización comunitaria que lo sostiene”, señalan desde las entidades.  

La crítica se centra en la contradicción de que el mismo Estado que en los últimos años redujo recursos destinados al funcionamiento del sistema, afectando el traslado de los recuperadores urbanos y distintos mecanismos de financiamiento, ahora presente un nuevo esquema sin reconocer que las dificultades actuales derivan del progresivo desfinanciamiento oficial. Para las cooperativas, el problema no es la falta de innovación, sino la falta de apoyo institucional y presupuestario.  

El sistema de reciclado porteño permitió consolidar la separación en origen, desarrollar Centros Verdes en distintos puntos de la ciudad y fortalecer una red de Puntos Verdes que se convirtió en referencia para vecinos y escuelas. También generó vínculos permanentes con universidades, empresas y organismos públicos, que encontraron en las cooperativas un aliado para la educación ambiental y la responsabilidad social. La eventual desarticulación de este entramado tendría consecuencias negativas no solo para los trabajadores, sino para toda la comunidad.  

Las organizaciones advierten que el riesgo de cierre para las 12 cooperativas afectaría directamente a 7.000 familias y pondría en cuestión la continuidad de un modelo que logró instalar la cultura del reciclado en la vida cotidiana de los porteños. Además, alertan que la pérdida de capacidad de recuperación de materiales incrementaría el volumen de residuos destinados a rellenos sanitarios, con el consecuente impacto ambiental y económico.  

En este contexto, las cooperativas reclaman que el Gobierno de la Ciudad abra un espacio de diálogo real para discutir el futuro del sistema, incorporando tecnología pero garantizando la participación de quienes lo sostienen día a día. “No se trata de elegir entre modernización o trabajo humano, sino de integrar ambos para fortalecer una política pública que ya demostró resultados”, remarcan.  

La discusión sobre el reciclado urbano en Buenos Aires trasciende lo técnico y se inscribe en un debate más amplio sobre el modelo de ciudad. La gestión de residuos no es solo un problema ambiental, sino también social y económico. El sistema actual permitió que miles de personas encontraran una fuente de trabajo digno y que la ciudad avanzara hacia prácticas más sustentables. La licitación cuestionada pone en juego ese equilibrio y abre un interrogante sobre el rumbo de las políticas públicas en materia ambiental.  

En definitiva, lo que está en disputa no es únicamente un pliego de licitación, sino la continuidad de un modelo que transformó la relación de Buenos Aires con sus residuos y que se convirtió en ejemplo para otras ciudades de la región. Las cooperativas insisten en que el futuro del reciclado debe construirse sobre la base de lo logrado, con más tecnología, sí, pero también con más apoyo estatal y más reconocimiento al trabajo de quienes, día tras día, hacen posible que la ciudad respire un poco mejor.  



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