Sociedad | Día del Inventor

La creatividad como herramienta

El Día del Inventor, que Argentina celebra cada 29 de septiembre en homenaje al nacimiento de Ladislao Biró, ofrece una oportunidad para revisar una tradición creativa que atraviesa la historia nacional y que va mucho más allá de la birome. El bypass coronario, el sistema de identificación por huellas dactilares, el stent, el Magiclick, la pelota sin tientos o el colectivo son parte de una genealogía que revela cómo la creatividad argentina se convirtió en un rasgo distintivo y en un aporte concreto al progreso global. Buenos Aires, 15 de setiembre de 2026. La vida del húngaro-argentino que revolucionó la escritura funciona como puerta de entrada a un legado más amplio: el de inventores, científicas, técnicos y creadoras que, desde fines del siglo XIX, aportaron soluciones originales a problemas cotidianos, desarrollaron tecnologías que hoy se usan en todo el mundo y consolidaron una identidad marcada por la capacidad de imaginar y producir ideas nuevas. 

La figura de Biró sintetiza esa tradición. Nacido en Budapest en 1899, llegó a la Argentina en 1940 escapando de la guerra y de la persecución nazi, acompañado por su hermano György y por su socio Juan Jorge Meyne. 

Su curiosidad lo había llevado antes por caminos diversos: estudió medicina, se interesó por el hipnotismo, fue soldado en la Primera Guerra Mundial y trabajó como periodista. Fue justamente en ese oficio donde surgió la idea que cambiaría para siempre la escritura. Cansado de las plumas que se atascaban y manchaban, observó las rotativas de imprenta y a unos chicos jugando a las bolitas. De esa combinación nació el concepto de colocar una pequeña esfera metálica en la punta de una lapicera para que, al girar, distribuyera la tinta de manera uniforme. Patentó el invento en Hungría en 1938, pero la guerra dificultó su desarrollo. 

Ya instalado en Buenos Aires, mejoró el prototipo y en 1943 registró la patente local. La birome, acrónimo de Biró y Meyne, se lanzó al mercado con un precio elevado para la época, pero pronto encontró su lugar: la Fuerza Aérea británica encargó miles de unidades y, más tarde, la alianza con BIC la convirtió en un objeto universal.

Aunque la birome eclipsó al resto de su obra, Bíró fue autor de más de treinta inventos. Entre ellos se cuentan una máquina automática de lavar ropa que funcionaba con el calor de una cocina doméstica, un sistema de cambio automático para automóviles que General Motors compró para evitar que lo fabricara la competencia, una cerradura inviolable, un termógrafo clínico y un proceso para producir resinas fenólicas. En sus últimos años trabajó con la Comisión Nacional de Energía Atómica en la separación de gases para agua pesada. 

Su hija Mariana, que llegó al país poco después que él, fundó en 1999 la Fundación Biró en Colegiales, donde ha realizado un Museo de Inventos Argentinos, con el análisis y descripción detallada, en orden cronológico, de los principales inventos argentinos entre 1810 y la actualidad. 

Otros inventos destacados

Como dijimos, la birome es, quizás, el invento argentino más difundido, pero no el único que alcanzó reconocimiento mundial. 

-    En 1891, Juan Vucetich desarrolló el sistema de clasificación e identificación por huellas dactilares que hoy utilizan fuerzas de seguridad de todo el planeta. 
-    En 1967, René Favaloro presentó el bypass coronario, técnica que revolucionó la cirugía cardíaca y se convirtió en un estándar global. 
-    En 1988, el médico argentino Julio César Palmaz patentó el stent intravascular expandible, un dispositivo en forma de malla metálica que mantiene las arterias abiertas y restablece el flujo sanguíneo. Este artilugio ha salvado millones de vidas en todo el mundo.
-    En 1968, Hugo Kogan creó el encendedor piezoeléctrico Magiclick, que permitió encender cocinas sin fósforos y se volvió un objeto cotidiano en millones de hogares. 
-    En 1917, Quirino Cristiani realizó El Apóstol, el primer largometraje animado del mundo, utilizando figuras de cartón articuladas. 
-    En 1931, en Bell Ville, Córdoba, Romano Polo, Antonio Tossolini y Juan Valbanesi inventaron la pelota de fútbol sin tientos, adoptada en el Mundial de 1934 y luego por la AFA. 
-    En 1928, un grupo de taxistas porteños creó el colectivo como sistema de transporte público, un modelo que luego se replicó en distintas ciudades. 
-    También son argentinos el bastón blanco para personas ciegas, ideado por José Mario Fallótico en 1931, y el semáforo sonoro con pantalla Braille, desarrollado por Mario Dávila en 1989.

Cada uno de estos inventos surgió de una necesidad concreta y de la capacidad de observar el entorno con una mirada distinta. La creatividad argentina, lejos de ser un concepto abstracto, se expresa en soluciones prácticas que transformaron la vida cotidiana y que, en muchos casos, nacieron en talleres improvisados, garajes o laboratorios modestos. 

Biró solía recordar que, al principio, los libreros vendían sus “lapicitos a tinta” como juguetes para chicos porque no imaginaban su potencial. Años después, afirmaría que ese “juguete” había generado millones de dólares para el país, “dinero que el país ganó vendiendo productos no de la tierra sino del cerebro”, demostrando que la innovación no depende de recursos extraordinarios sino de la voluntad de experimentar.

Revalorizar la creatividad argentina implica reconocer esa tradición y proyectarla hacia el futuro. En un contexto global donde la tecnología avanza a gran velocidad, el país cuenta con una historia que demuestra que la invención puede surgir en cualquier rincón y que las ideas locales tienen capacidad de impacto internacional. La birome, símbolo de ingenio y sencillez, sigue recordando que la creatividad es una herramienta poderosa para transformar la realidad. 


                                Santiago Pujol


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