Sociedad | Un legado a defender

Sarmiento, padre del aula

El legado de Domingo Faustino Sarmiento vuelve a escena cada vez que la educaci贸n p煤blica atraviesa una crisis, y no es casual: su figura encarna la convicci贸n de que, sin escuelas, sin maestros y sin ciencia no hay ciudadan铆a posible. Por eso resulta particularmente llamativo que, en un momento en que el sistema universitario y cient铆fico t茅cnico sufre un proceso acelerado de desfinanciamiento, el gobierno reivindique al sanjuanino como propio. La apelaci贸n ret贸rica a Sarmiento contrasta con pol铆ticas que erosionan justamente aquello que 茅l consider贸 el coraz贸n de la vida democr谩tica: la educaci贸n p煤blica como derecho y como proyecto de pa铆s. Buenos Aires, 15 de setiembre de 2026. Sarmiento no fue solo un reformador escolar; fue el arquitecto de una visi贸n moderna que entend铆a la instrucci贸n como la base de la igualdad y del progreso. Desde muy joven, cuando fund贸 una escuela en San Francisco del Monte de Oro, asumi贸 que la educaci贸n deb铆a ser accesible para todos, sin distinci贸n de origen social ni de g茅nero. Esa idea, desarrollada en De la educaci贸n popular (1849), se convirti贸 en un principio rector de su acci贸n p煤blica. En Chile, durante el exilio, profundiz贸 esa vocaci贸n: dirigi贸 escuelas, cre贸 m茅todos de alfabetizaci贸n y fund贸 la primera Escuela Normal de Preceptores de Am茅rica Latina, convencido de que sin maestros formados no hay sistema educativo que perdure.

Su paso por la gobernaci贸n de San Juan y luego por la presidencia consolid贸 esa visi贸n en pol铆ticas concretas. La obligatoriedad de la ense帽anza primaria, la creaci贸n de escuelas para miles de alumnos, la expansi贸n de colegios nacionales y escuelas normales, y la fundaci贸n de instituciones cient铆ficas como el Observatorio Astron贸mico de C贸rdoba y la Academia de Ciencias delinearon un modelo que coloc贸 a la Argentina en la vanguardia educativa regional. A ello se sum贸 el sistema de bibliotecas populares, una apuesta por democratizar la lectura y la cultura en todo el territorio.

Sarmiento entend铆a que la educaci贸n no era un gasto sino una inversi贸n estrat茅gica. Cre铆a que la escuela pod铆a 鈥渃urar radicalmente los males sociales鈥 y que la rep煤blica solo pod铆a sostenerse sobre ciudadanos instruidos, capaces de ejercer sus derechos y participar de la vida p煤blica. Su legado, reconocido continentalmente -al punto de que el 11 de septiembre fue instituido como D铆a del Maestro en toda Am茅rica Latina-, se apoyaba en una premisa simple y contundente: sin educaci贸n p煤blica no hay democracia posible.

Por eso, en el presente, invocar su nombre mientras se desfinancia la universidad, se paralizan proyectos cient铆ficos y se debilita la formaci贸n docente no es solo una contradicci贸n hist贸rica, es una se帽al preocupante sobre el rumbo del pa铆s. Defender el legado de Sarmiento implica sostener la educaci贸n como pol铆tica de Estado, garantizar recursos, fortalecer instituciones y preservar la idea de que el conocimiento es un bien p煤blico. No se trata de repetir su figura como s铆mbolo, sino de honrar aquello que 茅l construy贸: un sistema educativo que durante d茅cadas distingui贸 a la Argentina en el mundo y que hoy necesita, m谩s que nunca, ser protegido.



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