Sociedad | Promulgación de la Ley 13.010 en 1947

Día Nacional de los Derechos Políticos de la Mujer

El 23 de setiembre se cumplen 79 años de la consagración de los derechos políticos de la mujer. Ese día en 1947 se promulgó la ley que reconoció el derecho al sufragio. Fue un hito en la larga lucha por la igualdad que, cuatro años más tarde, se expresaría en la primera votación femenina en una elección nacional. El 11 de noviembre de 1951, más de tres millones y medio de mujeres acudieron por primera vez a las urnas, después de décadas de militancia, organización y reclamos que se remontan a fines del siglo XIX. Buenos Aires, 15 de setiembre de 2026. Aquella jornada, que consagró derechos largamente postergados, fue el resultado de una lucha colectiva que atravesó generaciones, desde las pioneras sufragistas hasta el movimiento de masas que impulsó la Ley 13.010. La participación masiva, el alto nivel de empadronamiento y la elección de las primeras legisladoras nacionales marcaron un hito que abrió el camino hacia nuevas ampliaciones de ciudadanía y que hoy, tres cuartos de siglo después, sigue siendo un punto de referencia para pensar los avances y desafíos de la igualdad política.

La historia del voto femenino en Argentina no comienza en 1947 ni en 1951, sino en las primeras décadas del siglo XX, cuando mujeres como Cecilia Grierson, Alicia Moreau de Justo, Elvira Rawson de Dellepiane y Julieta Lanteri empezaron a cuestionar de manera pública y organizada la exclusión de las mujeres de la vida cívica. En un país donde la participación política estaba reservada exclusivamente a los varones mayores de edad, estas pioneras se abrieron paso en un terreno hostil, articulando reclamos desde espacios socialistas, anarquistas y radicales. 

En 1907, Alicia Moreau fundó el Comité Pro-Sufragio Femenino, integrado por figuras centrales del feminismo de la época. Desde allí se impulsaron campañas, conferencias, simulacros de elecciones y el primer proyecto legislativo de voto femenino, presentado en 1911 por Alfredo Palacios. Aunque la iniciativa fue desestimada sin siquiera ser tratada, el movimiento no se detuvo: Lanteri logró votar ese mismo año en un comicio municipal gracias a un vacío legal, convirtiéndose en la primera mujer en emitir un voto reconocido por la autoridad electoral.

Durante las décadas siguientes, el reclamo se sostuvo con persistencia. En 1918, Moreau fundó la Unión Feminista Nacional, que difundió sus ideas a través de la revista Nuestra Causa. En paralelo, las organizaciones feministas se vinculaban con movimientos internacionales y participaban en congresos obreros y encuentros sufragistas. En 1926, la sanción de la Ley 11.357 otorgó a las mujeres igualdad civil con los varones, aunque sin incluir derechos políticos, patria potestad compartida ni divorcio. A nivel provincial, San Juan habilitó el voto femenino en 1927, pero la ausencia de una norma nacional mantenía la desigualdad intacta.

El giro decisivo llegó durante el primer gobierno de Perón. Tras una intensa campaña encabezada por Eva Perón, el Congreso sancionó el 9 de septiembre de 1947 la Ley 13.010, que estableció que las mujeres tendrían los mismos derechos políticos y obligaciones que los varones. La promulgación, celebrada por una multitud en Plaza de Mayo, quedó marcada por el célebre discurso de Eva Duarte, quien afirmó recibir la ley “en nombre y representación de todas las mujeres argentinas”. La creación del Partido Peronista Femenino y de los centros cívicos femeninos permitió organizar el empadronamiento y la participación política de millones de mujeres, que por primera vez accedieron a la Libreta Cívica, documento indispensable para ejercer el voto.

Cuatro años después, el 11 de noviembre de 1951, las mujeres argentinas votaron por primera vez en una elección nacional. La participación superó el 90% del padrón femenino y la jornada dejó un saldo histórico: 23 legisladoras nacionales resultaron electas, junto con decenas de diputadas, senadoras y legisladoras provinciales. En todos los distritos, las mujeres aportaron más votos peronistas que los varones, en un contexto de movilización inédita. La elección consolidó la incorporación de las mujeres a la vida política activa, no solo como votantes y candidatas, sino también como organizadoras y militantes en los centros cívicos.

La ampliación de derechos continuó en los años siguientes, aunque de manera desigual. La reforma constitucional de 1949 había establecido por primera vez la patria potestad compartida, pero fue anulada tras el golpe de 1955. Ese mismo año, la dictadura dejó sin efecto la ley de divorcio limitada sancionada en 1954. La plena conquista del divorcio vincular y la patria potestad compartida llegaría recién con el retorno democrático en la década de 1980. En 1991, Argentina volvió a ocupar un lugar pionero al sancionar la Ley de Cupo Femenino, que garantizó un piso del 30% de candidatas en las listas electorales nacionales y abrió una nueva etapa en la representación política de las mujeres.

A 75 años de aquella primera votación, el sufragio femenino sigue siendo una de las transformaciones más profundas de la democracia argentina. La lucha iniciada por Grierson, Moreau, Rawson, Lanteri y tantas otras encontró en 1951 su primera gran victoria, pero no su punto final. Los desafíos actuales -desde la paridad efectiva hasta la eliminación de las barreras que aún limitan la participación política de las mujeres- muestran que la búsqueda de igualdad continúa. La historia del voto femenino es, en definitiva, la historia de una ciudadanía que se amplió gracias a la persistencia de quienes se negaron a aceptar la exclusión como destino.


                                Mailén González

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