Porteñas | Taxis eléctricos

La ciudad promueve la renovación

La Ciudad de Buenos Aires avanza en la modernización de su sistema de transporte público con la puesta en marcha de un plan de créditos blandos para la adquisición de taxis eléctricos e híbridos enchufables, una medida que busca reducir costos operativos, mejorar la calidad del servicio y dar pasos hacia la transición energética. Menos ruido y menor polución ambiental resultan auspiciosos. Pero como no hay fabricación nacional adecuada, así sólo se promueven importaciones chinas. Buenos Aires, 18 de agosto de 2026. El anuncio fue acompañado por una puesta en escena que buscó mostrar la dimensión histórica de la iniciativa. Jorge Macri, jefe de Gobierno porteño, se reunió con los primeros choferes que accedieron al crédito y destacó que la medida no solo representa un alivio económico, sino también un salto cualitativo en la movilidad urbana. “Hace un tiempo definimos la necesidad de ir hacia una transición eléctrica en el transporte público y también en el taxi. Por eso, creamos una línea de crédito especial en el Banco Ciudad con una tasa preferencial”, señaló. 

Según el mandatario, muchos taxistas lograron vender sus unidades anteriores a buen precio y ahora manejan vehículos de categoría superior, con un ahorro operativo que les permite afrontar las cuotas sin dificultad. Con una tasa fija anual del 20% y montos de hasta 28 millones de pesos, la línea de financiamiento del Banco Ciudad ya permitió que una docena de unidades cero emisiones circulen por las calles porteñas, mientras otros 120 taxistas gestionan el préstamo. Precisamente, el crédito alcanza para cubrir el 100% del costo del modelo de auto eléctrico más económico y homologado para ser usado como taxi, disponible en Argentina, que es el JMEV Easy 3, con un precio de entrada de aproximadamente $25,3 millones al cambio oficial, autonomía de hasta 330 km y homologación oficial para servicio urbano y rutas.  

La Ciudad cuenta con unos 18.000 taxis en circulación, y el reemplazo progresivo de la flota por unidades eléctricas promete un impacto significativo en la economía del sector. Los cálculos oficiales indican que el costo operativo de un taxi eléctrico equivale apenas al 20% de lo que gasta un vehículo a nafta o GNC, lo que implica un ahorro del 80% en combustible. A esto se suma un mantenimiento mucho más sencillo: mientras un motor a combustión interna posee unas 450 piezas móviles, uno eléctrico apenas llega a 40, reduciendo la frecuencia y el costo de las reparaciones. La ecuación económica, sumada a los beneficios fiscales, convierte a la electromovilidad en una opción cada vez más atractiva.

El marco normativo porteño refuerza la conveniencia de la transición. Los autos eléctricos cuentan con una exención permanente del 100% en el pago de la patente, mientras que los híbridos gozan de un beneficio total durante los dos primeros años y luego de reducciones progresivas hasta el sexto. Además, se mantiene la exención del pago de peajes en toda la red de autopistas urbanas, una medida que Jorge Macri confirmó que se prorrogará por un año más. Estos incentivos buscan acelerar la adopción de tecnologías limpias y posicionar a Buenos Aires en línea con las grandes capitales del mundo.

Las unidades homologadas para el servicio de taxi ofrecen una autonomía de entre 380 y 400 kilómetros por carga, superando ampliamente el recorrido promedio diario de un taxi en la ciudad, estimado en unos 220 kilómetros. El sistema de recarga contempla tres modalidades: lenta -mediante enchufe doméstico-, semi rápida, y rápida -permite completar la batería en apenas media hora en estaciones habilitadas-. Esta flexibilidad garantiza que los choferes puedan adaptar la carga a sus rutinas laborales sin perder tiempo de servicio.

La iniciativa se inscribe en un plan más amplio de movilidad sustentable que incluye el e-Bus del Casco Histórico y el TramBus, y que proyecta que para 2027 el 30% de la flota de colectivos funcione con energía limpia. La tecnología para producir estos vehículos existe localmente. Argentina ya produce autos eléctricos, aunque en una escala muy reducida y con modelos orientados principalmente al uso urbano. Tampoco los modelos nacionales cumplen por ahora con los requisitos de autonomía y seguridad exigidos para taxis o transporte público. Pero esos son obstáculos que pueden solventarse en poco tiempo, si existiera voluntad política. Algo que no exhibe Jorge Macri cuando se trata de la industria nacional.

Más allá de todo, la transformación de los taxis porteños no es solo un cambio tecnológico, sino también cultural. La imagen del clásico vehículo amarillo y negro se proyecta ahora hacia un futuro más silencioso, eficiente y respetuoso con el medio ambiente. La apuesta del gobierno porteño combina incentivos económicos, beneficios fiscales y un relato de modernización que busca instalar la idea de que Buenos Aires puede liderar la transición energética en la región. La presencia de los primeros taxis eléctricos en las calles es una señal concreta de que el proceso ya comenzó y que, con el respaldo financiero adecuado, puede extenderse rápidamente a toda la flota.

En un contexto de crisis económica y de debates sobre el rol del Estado en la promoción de nuevas tecnologías, la política de créditos para taxis eléctricos aparece como una estrategia pragmática: reduce costos para los trabajadores, mejora la calidad del servicio para los usuarios y contribuye a la reducción de emisiones contaminantes. Sin embargo, en ausencia de políticas industriales que procuren el aprovechamiento local del litio usado en las baterías y la fabricación autóctona de vehículos eléctricos, la promoción estatal de su uso sólo redunda en una mayor dependencia respecto de la industria china.
 
                                                                                          Mateo Salvo



Compartir nota en las redes sociales Enviar Imprimir

Dejanos tu comentario