Editorial | Cambios en el escenario

Los senderos se bifurcan

Buenos Aires, 9 de junio de 2026. Tiene razones para ello. En 2023 fue la tercera candidata más votada, después de ganar la interna a Rodríguez Larreta y, además, fue la que explícitamente promovió la convergencia con los libertarios para asegurar el triunfo de Milei en segunda vuelta. Ahora que la suerte parece darse vuelta, no quiere ser arrastrada en la caída si el fervor popular por el mileísmo se derrumba.

Los escándalos de corrupción golpearon fuerte a un gobierno que presentó a la moral como eje central de su accionar. Pero más lo dañan el continuo empeoramiento de las condiciones de vida de millones, que ven cómo se esfuma su capacidad adquisitiva y temen perder su trabajo. Ante esto, Patricia no ofrece ninguna alternativa. Sólo representa el espanto de una fracción significativa de la sociedad ante la inminencia del retorno peronista al poder. Nada menos.

Previendo este escenario, Jorge Macri sueña con su reelección. El electorado que comparten la LLA y el PRO no tiene, por el momento, mejor opción que él en la ciudad si Patricia juega a Presidenta. Igual, nada es seguro hasta que sucede. Por eso, el primo de Mauricio está en plena actividad proselitista cotidiana tratando de ganarse la adhesión de los votantes libertarios de la ciudad. Con ese objetivo exagera en su exhibición represiva contra los barrios populares y el conurbano bonaerense. 

Tormenta Negra y Operación Muro fueron los nombres rimbombantes elegidos por los publicitarios de Jorge Macri, para dramatizar el despliegue de la policía porteña y explotar el resentimiento discriminatorio contra los pobres, villeros o bonaerenses. Pero eso no resuelve el creciente endeudamiento de las familias de ingresos medios que tienen las tarjetas de crédito estalladas y no pueden mantener sus mínimos consumos suntuarios. Deterioro que se evidencia en la caída de la actividad comercial de todos los rubros y daña, incluso, la capacidad de recaudación del estado porteño. Pese a todo, Jorge Macri reafirma que el rumbo macroeconómico nacional es el correcto, aunque sea para no espantar a sus socios libertarios.

Más allá de las especulaciones con el deterioro político del mileísmo y la fractura del bloque que formaron libertarios y macristas, el oficialismo corre con una ventaja. En la oposición local no se atisba una contrapropuesta eficaz al discurso neoliberal, que recupere la centralidad del trabajo productivo como ordenador y motor del progreso social. Nada se contrapone a lo que existe como política, pese a la mediocridad gris de la eterna decadencia a la que somete a los porteños. Nada que invite a ser parte de un futuro mejor y potencie los sueños colectivos.

Las elecciones parecen estar muy lejos. Pero las opciones ya se están cuajando. Y en tiempos de crisis, como los que dolorosamente estamos de nuevo atravesando, los procesos pueden acelerarse y mucho, con cualquier disparador inesperado. La historia no se repite, pero ya tuvimos un 19 y 20 de diciembre y nada impide que algo semejante vuelva a ocurrir.
  
                        Lic. Gerardo Codina


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