Sociedad | 9 de julio

El Día de la Independencia

Doscientos diez años después de la proclamación en Tucumán de la independencia de la Provincias Unidas de Sud América, la cuestión de la plena soberanía nacional continúa sin definirse plenamente, ahora bajo la presión de nuevas potencias hegemónicas en el mundo y nuestro continente. Buenos Aires, 14 de julio de 2026. El Acta suscripta en aquella ocasión habló de una voluntad emancipadora que no se restringía a lo que hoy conocemos como Argentina. Por el contrario, asumía la perspectiva del proyecto continental que materializaría San Martín en conjunción con Bolívar, en su campaña libertadora que garantizó también la independencia de Chile y Perú. 

Es por eso que la expresión Provincias Unidas de Sud América no fue solo un nombre de ocasión asumido para identificar a los territorios antes organizados en Virreinatos o Capitanías dependientes de la corona española, sino que refleja la intención de afirmar al mismo tiempo la unidad sudamericana y la decisión independentista. Por eso, inmediatamente después se le agregó que la liberación proclamada no era tan sólo respecto “del rey Fernando VII, sus sucesores y metrópoli”, sino que también de “toda otra dominación extranjera”.

En aquel momento, la libertad de nuestros pueblos no sólo era amenazada por los intentos restauradores de los monárquicos españoles, fuertes en el Alto Perú y detenidos por el heroísmo de los gauchos de Güemes, sino también por los avances del Imperio de Brasil sobre el Río de la Plata y los territorios de nuestras provincias del Litoral, contenidos por las fuerzas patriotas comandadas por Artigas.

La unidad sudamericana, tan temida por las potencias coloniales de entonces y ahora, no se materializó por obra de las oligarquías locales que priorizaron sus privilegios de dominio interno frente a los desafíos de proyectarse colectivamente como un poder de relevancia regional y mundial. Para sostenerse en esa posición no dudaron a lo largo de dos siglos en subordinarse a poderes extranjeros. Incluso anhelaban ser otro dominio británico o estadounidense.

Ahora los vemos operando servilmente para beneficiarse con las sobras que deje la explotación de nuestras riquezas mineras en toda la extensión de la cordillera. Ese es el verdadero pacto que hoy une bajo la mesa a gobiernos provinciales complacientes con la administración libertaria y la presidencia de Milei, confeso sionista al servicio de los intereses del bloque anglosajón que encarna la hegemonía declinante de occidente, aunque implique aceptar la mutilación del territorio insular del atlántico sur.

En nombre de una libertad de la que sienten vergüenza, entregan la verdadera soberanía que se asienta sobre los derechos de nuestro pueblo. Como en aquella hora difícil, donde todo parecía condenarnos a la derrota, el verdadero espíritu libertario de nuestro pueblo habrá de manifestarse, más temprano que tarde, para barrer tanta indignidad que nos somete. Ayer y hoy, la libertad no se proclama ni se demanda, sino que se ejerce, aunque se deba enfrentar la resistencia armada del opresor.   


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