Editorial | Reconfiguración del mapa político

La paradoja política de Milei

La irrupción del fenómeno libertario ha reconfigurado todo el escenario político. Desapareció Juntos por el Cambio, el PRO y la UCR corren el riesgo de fracturarse y la Coalición Cívica de aleja se sus ex socios para ensayar un posible camino opositor equidistante del actual gobierno y el peronismo.
Buenos Aires, 9 de julio de 2024. No sólo a las corrientes de derecha las afectó la emergencia del anarco capitalista. Derrotado, todavía el peronismo no logra recomponer sus vínculos con una mayoría social que le perdió la paciencia a la persistente decadencia nacional, acentuada en los últimos ocho años y aspira a un mejoramiento de su vida, aunque sea a costa de cambiarlo todo y por eso todavía tiene expectativas depositadas en Milei. Por su parte, la izquierda trotskista no encuentra espacio para diferenciarse del peronismo, empujados unos y otros a la cerrada oposición a todas las iniciativas libertarias de desguace del Estado.

Días atrás nuestra Comuna 3 fue sede de la Asamblea Nacional del PRO, en la que se materializó la divergencia de tres espacios respecto de qué postura adoptar frente al novedoso experimento ultra liberal. Los que pretenden fusionarse con los libertarios, encabezados por Patricia Bullrich, fueron en la práctica expulsados de la conducción partidaria por los acólitos de Mauricio Macri, que se inclinan por intentar una política de alianzas con Milei, pero negociando las políticas y los encargados de llevarlas adelante como dos espacios de características diferentes. Terceros en discordia, los seguidores de Larreta prefieren tomar distancia de Milei y sus políticas, por lo que, de momento, se abstienen de participar en la conducción del PRO.

A la UCR le pasa algo parecido, pero acentuado por la carencia de un liderazgo nacional que galvanice su electorado en torno de una posición definida. Cada gobernador negocia sus garbanzos con un poder central que administra los recursos nacionales para quebrar voluntades, mientras los que no tienen responsabilidades de gestión, asumen posturas más contestatarias, salvo gente como De Loredo, que está fascinada con la posibilidad abierta de hacer retroceder la protección de los derechos laborales y sindicales vigentes. Hasta el punto que el presidente de la UCR, nuestro conocido Martín Lousteau, ni siquiera puede orientar el voto del bloque de senadores que integra pero no conduce. 

Tal capacidad de desorganización de las fuerzas políticas afines y adversarias, no ha redundado en una consolidación del espacio propio. Ese efecto paradojal que padece el mileísmo, hace que la gestión de gobierno sea más el producto de la feroz interna de múltiples bandas, que de algún plan de acción resuelto por el Presidente. Así salió eyectado del Gobierno el primer Jefe de Gabinete Posse e irrumpe ahora Sturzenegger con el propósito declarado de seguir deshaciendo el Estado nacional. Nada que anuncie otra cosa que la profundización de la severa crisis que atravesamos y que se manifiesta en la pérdida de puestos de trabajo, el empobrecimiento de crecientes capas de la población y la persistente inflación que corroe los ingresos.

Tanto se agravó el cuadro social, que nuestra ciudad ostenta cifras de pobreza e indigencia nunca vistas antes, salvo en 2001. Según datos oficiales publicados en estos días, el nivel de indigencia en la Ciudad de Buenos Aires es el más alto de la última década. Más del 15% de la población del distrito no gana lo suficiente para cubrir sus necesidades alimenticias, o sea que se alimenta mal o pasa hambre. Además, más de un millón de sus habitantes (un 35% del total) son  pobres. Pese a esto, la paradoja política es que Milei, dicen, sigue contando con el respaldo de algo así como la mitad de la población. ¿Hasta cuándo?

                                                                                          Lic. Gerardo Codina


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