Editorial | Jefatura de Gobierno

¿Meta o premio consuelo?

Los tiempos electorales se han acelerado. La crisis económica y social no da respiro y la política se mueve a su ritmo, intentando mostrar un camino de salida a la sociedad. Así, el oficialismo promete un horizonte promisorio (mejor que este presente gris) si se ratifica el rumbo en el 2027 y se puso a trabajar en bloque por la reelección de Javier Milei. Una primera exigencia es evitar la dispersión del voto propio, el de aquellos que acompañaron en 2023. Por eso se trata de reafirmar la unidad de la alianza tácita entre La Libertad Avanza y el PRO. Buenos Aires, 18 de agosto de 2026. Milei llegó a la Presidencia con los votos que había reunido Patricia Bullrich detrás de su candidatura, pero nunca se constituyó una alianza formal entre ambas vertientes de la derecha vernácula, pese a los intentos de Macri. Milei y los suyos entendieron que los votos igualmente les hubieran llegado, aunque no tuvieran la bendición del ex presidente y Bullrich se cortó sola para ser parte del proyecto libertario, junto a su compañero de fórmula Luis Petri.

Así las cosas, el PRO se desflecó y quedó en el incómodo lugar de acompañar decisiones políticas de los libertarios, casi sin hacer críticas. Mientras la adhesión social lo acompañaba, fue una manera de no quedar al margen de un proceso de reformas que siempre habían soñado y no se atrevieron a realizar. Pero a medida que pierde consistencia la tolerancia social con los cambios que promueven los libertarios, porque las condiciones de vida de las mayorías empeoran a ojos vista sin expectativa de mejora en el corto y mediano plazo, muchos comienzan a preguntarse si vale la pena inmolarse con Milei o es mejor apostar a una alternativa propia, incluso para salvar las reformas libertarias.

Haciendo cuentas, algunos en la Rosada se entusiasman con la posibilidad de ganar en primera vuelta. Pero para eso, todos los sectores que confluyeron de un modo u otro en el respaldo a la gestión deben traccionar juntos la reelección. Y no hay garantías de que se llegue. Por eso, los que hasta acá fueron ninguneados por los libertarios, suben su precio y reclaman protagonismo en la gestión o reciprocidad en sus territorios.

En ese juego de toma y daca aparece la Jefatura de Gobierno porteña como una pieza de negociación. Los intentos de Jorge Macri para que los libertarios respalden su reelección, se ven eclipsados por las negociaciones de su primo, que quiere formalizar una alianza nacional. De no lograrla, amenaza con presentar candidatos propios para restarle votos a Milei. Por su lado, Patricia Bullrich que aspiraba a ser la alternativa nacional si Milei se caía en las encuestas, golpeada por los últimos fracasos en el Senado, ahora se anota también para la Jefatura porteña.

Así las cosas, una derecha muy segura de su hegemonía dentro del electorado de esta ciudad, negocia variantes diversas de alianza en las que la alcaldía porteña se arbitra como bien transable. Ninguno de los nombres en juego se propone un objetivo de desarrollo productivo, social y cultural local, proyectando el lugar de nuestra ciudad en el horizonte regional e internacional como un faro de progreso. Solo aspiran a continuar usándola como base de operaciones.

La Ciudad en gran medida ya es un faro de progreso, pero por el talento de su gente y la nobleza de algunas de las políticas públicas de largo plazo que en este tiempo destruyen los libertarios, como la universidad pública gratuita y de excelencia o las instituciones de investigación científica que nos honran con su bien ganado prestigio internacional. 

Por el contrario, mientras la gestión Milei desguaza el CONICET, desfinancia la Universidad y destruye las políticas de fomento de la cultura, Jorge Macri se dedica a reprimir la pobreza como si fuera un delito y no la consecuencia de las políticas de concentración de la riqueza que su primo antes y ahora Milei implementan. Si estas son las únicas alternativas en la ciudad, el futuro se presenta oscuro.

                                                                                                  Lic. Gerardo Codina


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