Porteñas | Homenaje a Norman Briski
Siete décadas de militancia artística
Actor, dramaturgo, director y maestro de varias generaciones de intérpretes, Norman Briski construyó a lo largo de más de siete décadas una trayectoria que excede los escenarios y las pantallas para convertirse en una referencia del teatro argentino independiente y popular. Desde sus comienzos en Córdoba y sus experiencias en el Instituto Di Tella hasta el exilio durante la última dictadura, su regreso al país y la creación del Teatro Calibán, su recorrido estuvo marcado por la experimentación estética, la búsqueda de nuevos lenguajes y una concepción del arte estrechamente ligada al compromiso político y social. Buenos Aires, 3 de noviembre de 2026. Esa producción múltiple es el eje de Briski en Escena, el festival que se desarrolla entre el 2 y el 13 de noviembre en distintos espacios culturales de Buenos Aires y el conurbano, y que concluirá con la presentación de "Culmine", un libro de obras teatrales inéditas del artista en el Auditorio Eva Perón de ATE Nacional, ubicado en avenida Belgrano 2527, de Balvanera.
Nacido en Santa Fe el 2 de enero de 1938 y criado en Córdoba, Naum Briski, conocido artísticamente como Norman, encontró tempranamente en la actuación un camino que terminaría definiendo su vida. Su debut teatral se produjo en 1955 con "La farsa del señor corregidor", aunque su formación y sus primeros pasos profesionales también estuvieron atravesados por inquietudes vinculadas con otras disciplinas. Durante los años sesenta comenzó a ganar notoriedad a través de sus intervenciones en publicidades televisivas y, especialmente, por su participación en experiencias artísticas vinculadas con el Instituto Torcuato Di Tella, uno de los principales ámbitos de renovación cultural de aquella época.
En ese contexto de transformaciones estéticas, Briski fue construyendo una identidad interpretativa que combinaba humor, irreverencia, exploración corporal y una particular capacidad para abordar personajes atravesados por contradicciones. Su popularidad se amplió considerablemente con "La fiaca", la obra de Ricardo Talesnik que llegó al cine en 1969 bajo la dirección de Fernando Ayala, con Norma Aleandro como coprotagonista. La historia de un empleado que decide dejar de cumplir con las obligaciones impuestas por la rutina laboral encontró en su interpretación una expresión especialmente reconocible y se convirtió en uno de los trabajos emblemáticos de su carrera.
La actividad cinematográfica ocupó desde entonces un lugar importante en su trayectoria, aunque nunca desplazó su vínculo central con el teatro. A lo largo de los años participó en más de setenta películas, con trabajos junto a realizadores argentinos y extranjeros. Su filmografía incluye títulos como "La guita", "La cruz", de Alejandro Agresti, "El amor menos pensado", "Granizo" y "Argentina, 1985", entre otras producciones. También desarrolló una sostenida actividad televisiva, con participaciones en ficciones y unitarios como "Tratame bien", "Epitafios" y "Tiempo final", que permitieron que su trabajo llegara a públicos de distintas generaciones.
La dimensión política de su recorrido se volvió particularmente significativa durante la década de 1970. Briski participó del Grupo Octubre, una experiencia de teatro popular que buscaba sacar la producción artística de los circuitos convencionales y establecer vínculos directos con los sectores sociales y las organizaciones populares. La creación colectiva, la intervención en espacios comunitarios y la utilización del lenguaje teatral como herramienta de reflexión y transformación fueron algunos de los principios que orientaron aquella experiencia.
En 1975, las amenazas de la Triple A lo obligaron a abandonar la Argentina y comenzar un período de exilio. Se instaló en España, donde continuó trabajando como actor y estableció vínculos con importantes realizadores cinematográficos. Entre ellos se destacó Carlos Saura, quien lo convocó para participar en "Elisa, vida mía" (1977) y posteriormente en "Mamá cumple cien años" (1979). Aquella etapa europea constituyó una experiencia profesional relevante, pero también estuvo atravesada por la distancia respecto de su país y de las experiencias colectivas que habían marcado su formación artística.
Con el regreso a la Argentina en 1983, Briski retomó su actividad teatral y profundizó una búsqueda que combinaba dramaturgia, dirección, actuación y formación de intérpretes. A mediados de esa década consolidó uno de los proyectos fundamentales de su vida artística: el Teatro Calibán, creado en 1986 y convertido desde entonces en un espacio de producción independiente, investigación escénica y enseñanza. Allí encontró un ámbito para desarrollar sus propias obras, dirigir textos de otros autores y transmitir una concepción del trabajo actoral que privilegia la experimentación, la imaginación y la reflexión crítica sobre la realidad.
Como director, abordó piezas de Eduardo Pavlovsky, entre ellas "El señor Galíndez", "Poroto", "La gran marcha" y "Potestad", esta última objeto de distintas puestas y reposiciones a lo largo de los años. También llevó a escena textos de Vicente Zito Lema, como "Gurka", y desarrolló una extensa producción propia. Entre sus obras como dramaturgo figuran "Rebatibles", "Alfalfa", "El astronauta", "Con la cabeza bajo el agua", "No te vayas, con amor o sin él y "Familia S.A.". Su escritura se caracteriza por el cruce entre absurdo, humor, crítica social y observación de los comportamientos individuales y colectivos. En 2001 recibió el premio Clarín al mejor autor argentino por "Rebatibles".
La docencia constituye otro de los pilares de su trayectoria. Durante décadas formó actores y directores en el Teatro Calibán y participó en experiencias pedagógicas en distintos ámbitos, entre ellos la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo y universidades estadounidenses. Su trabajo no se limitó a la enseñanza de técnicas interpretativas, sino que procuró promover una concepción del teatro como práctica colectiva y como forma de intervención en la vida social. En esa línea impulsó diferentes agrupaciones, desde Octubre hasta Brazo Largo y otros colectivos de teatro popular, con propuestas que buscaron vincular la creación escénica con organizaciones comunitarias, espacios educativos y movimientos sociales.
Esa perspectiva permanece vigente en su actividad. En los últimos años continuó escribiendo, dirigiendo y acompañando nuevos proyectos teatrales. En 2024 volvió a trabajar sobre "Potestad", de Pavlovsky, y en 2025 mantuvo varias producciones bajo su dirección, entre ellas "Sexágono" y "Maxidonio". También impulsó iniciativas de intervención teatral en espacios públicos y acompañó la formación de agrupaciones como Che Adelita y La calle no se calla. En distintas entrevistas sostuvo la necesidad de un teatro que no se acomode a las exigencias del mercado ni permanezca aislado de los conflictos sociales. Para Briski, la escena debe conservar su capacidad de incomodar, interpelar y producir nuevas formas de pensamiento.
Ese universo artístico y político es el que recupera Briski en Escena, una iniciativa impulsada por Eduardo Misch que se desarrolla hasta el 13 de noviembre en espacios culturales, educativos y comunitarios de la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano bonaerense. La programación incluye representaciones de obras vinculadas con la producción de Briski, entre ellas "Hermana Rueda", "Sexágono", "La Oreja de la Calle", "Piedra Libre", "Hidra" y "La Posta de los Generales", además de una clase abierta y un encuentro con el artista en el Teatro Calibán. Las actividades tienen entrada libre y contribución solidaria, y buscan acercar el teatro a públicos y territorios que habitualmente quedan al margen de los circuitos culturales tradicionales.
El cierre será el viernes 13 de noviembre, a las 19, en el Auditorio Eva Perón de ATE Nacional, ubicado en avenida Belgrano 2527, en Balvanera, con la presentación de "Culmine". La publicación, concebida como una edición independiente y autogestiva, reunirá textos teatrales inéditos de Briski y contará con un prólogo del crítico de arte Gabriel Isod y un epílogo de Carlos Aznárez. El proyecto es impulsado por Misch, con la colaboración de Emmanuel Malgarejo, y representa una oportunidad para ampliar el conocimiento de una producción dramatúrgica que, más allá de su presencia en los escenarios, constituye una parte central de la obra del artista.
La publicación y el festival proponen, en definitiva, una recuperación de distintas dimensiones de una trayectoria difícil de encasillar en una sola disciplina. Actor de cine y teatro, autor, director, formador y promotor de experiencias colectivas, Briski construyó una obra en permanente movimiento, atravesada por la experimentación y por una convicción que mantuvo a lo largo de los años: el arte no puede desligarse de la sociedad en la que se produce. A más de siete décadas de su debut, su actividad continúa expresándose tanto en las salas como en los espacios comunitarios, en la escritura y en la formación de nuevas generaciones. Su legado no se limita, por eso, a los personajes que interpretó o a las obras que escribió y dirigió, sino también a los ámbitos de creación y participación que contribuyó a poner en marcha.
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