Porteñas | Cambio climático

Cómo será el verano 2024

El clima está cambiando. Aunque algunos pretendan negarlo, esa transformación sucede y es consecuencia de la acción humana. El verano pasado fue el más cálido de la historia porteña y vaticinan que el próximo será parecido. En muchos lugares se busca adaptar las ciudades al calor extremo y al cambio climático con distintas soluciones. Entre nosotros, casi no se debatió en esta campaña.
Buenos Aires, 10 de octubre de 2023. El verano pasado fue uno de los más calurosos de la historia argentina. Desde diciembre de 2022 hasta fines de marzo de 2023, hubo diez olas de calor extremo. Una de ellas, en marzo, fue de 13 días consecutivos de alerta roja en la ciudad de Buenos Aires. Pero no se trata de un fenómeno aislado, sino que se repite cada vez más en distintas partes del mundo.

Según el meteorólogo Sergio Jalfin, por el momento se pronostica que las temperaturas del próximo verano serán más elevadas de lo normal en el norte del país, pero no se descarta que aquí se repita lo sucedido a principios de este año. “La tendencia global muestra que tendremos olas de calor más frecuentes, más severas, que duren mayor cantidad de días y abarquen más zonas”, sostuvo el especialista.

En la misma sintonía Carlos Zotelo, experto en el CONICET remarca que “hace unos años atrás hubo apenas dos olas de calor; después hubo cinco olas de calor. El año pasado, diez olas de calor, es decir, va como en tendencia incrementándose. Si, además, sumamos que este invierno, tuvimos valores máximos de temperatura típicos de inicios de primavera, con 20 a 22 grados en muchas localidades del centro del país, parecería entonces que vamos camino a un verano que va a estar complicado”, complementó Zotelo.

“Manejamos valores normales de enero y después tuvimos temperaturas por encima de lo normal, muy fuertes en marzo en abril y en principios de mayo con temperaturas que eran típicas de septiembre. Vamos camino a un fin de año similar, con temperaturas por encima de lo normal, con un inicio del verano más cálido, quizás anticipado también como sucedió el año pasado. Y parece que esta tendencia de tener un verano que arranca temprano y que se va más tarde, se va a repetir este año”, remarcó Jalfin.

No sólo el calor

Al cargarse de más energía la atmósfera, todos los eventos climáticos son más severos. Se trata de una nueva normalidad climática. “Estamos viviendo cada vez más eventos extremos, más frecuentes y más intensos”, señaló Jazmín Rocco Predassi, coordinadora del área de Política Climática de la ONG ambiental FARN.

La problemática se multiplica en la mayoría de las grandes urbes del mundo, donde se produce el denominado efecto de “islas de calor”, por el que la temperatura en las ciudades puede llegar a ser hasta 10 grados más alta que en las áreas periurbanas, según CIPPEC. La cementación, asfaltos y edificios absorben el calor más rápido de lo que lo liberan durante la noche, y es por eso que distintos actores replantean la forma de pensar a las ciudades para volverlas más resilientes y más habitables.

Más allá de disminuir las emisiones de carbono producidas principalmente por el transporte, robustecer el sistema de servicio eléctrico para evitar los cortes de luz y contar con buena refrigeración artificial y acceso al agua, hay otras medidas concretas que tienen que ver con cómo están construidas y cómo funcionan las ciudades.

Los cambios necesarios

Aunque hay múltiples iniciativas que pueden implementarse, para reducir el calor en las urbes “lo más eficiente”, según Boix, directora del programa Ciudades de CIPPEC, son las vinculadas a la “infraestructura verde”. No hay mucha vuelta: se necesitan más árboles, más vegetación y más espacios verdes en más lugares. Es decir, soluciones basadas en la naturaleza.

En ello se incluyen parques, espacios de césped, jardines comunitarios y hasta huertas. Las plantas y árboles, además de producir sombra, reducen la temperatura ambiente por el proceso denominado “evapotranspiración”, donde la vegetación impactada por el sol libera el agua que tiene dentro a través de la evaporación.
 
Hay casos en otras ciudades en donde se avanzó en propuestas innovadoras. Boix señala el ejemplo de Medellín, Colombia, donde se crearon 30 corredores verdes que redujeron hasta en cuatro grados la temperatura en “zonas relegadas” y en donde la “clave” es la “vegetación nativa, que es de fácil mantenimiento”. También los denominados “bosques de bolsillo”, como los que se están probando en Santiago de Chile. Boix los describió como “pequeños ecosistemas accesibles, en lugares clave y de por ejemplo de 100 metros cuadrados”.

Estas soluciones y microintervenciones en la trama urbana, tanto para la experta de CIPPEC como para el sociólogo de la UBA y especialista en urbanismo Fernando Bercovich, se pueden implementar en ciudades como Buenos Aires. Bercovich, contó que en Barcelona y otras ciudades europeas “se cerraron al tránsito vehicular varias arterias”, se unieron nueve manzanas y se crearon las llamadas “supermanzanas” con “espacios públicos hacia adentro”. “Pienso también en parques metropolitanos, cordones verdes en los márgenes de la ciudad”, sumó el urbanista. La General Paz “en sus inicios se había pensado en ese sentido y después se convirtió en autopista”, dijo.

No se trata sólo del calor extremo. También el aumento de las temperaturas eleva el nivel de los mares, lo que traerá como consecuencia la inundación del borde costero. Hacer más absorbente a la ciudad frente a las lluvias y lograr una costa sin urbanizar, puede mitigar los efectos más perniciosos de ese otro efecto del cambio climático que está sucediendo. 

                                                                                                                           Santiago Pujol


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