Comunales | Otra vez San Expedito
Se repitió el milagro
Miles de fieles se congregaron este domingo en la parroquia Nuestra Señora de Balvanera, para celebrar a San Expedito, el patrono de las causas urgentes. La jornada, marcada por la devoción y la multitudinaria participación, se convirtió en una de las expresiones de fe más convocantes del calendario religioso porteño. Desde la medianoche del sábado, cuando se abrieron las puertas del templo, comenzaron a llegar peregrinos de distintos puntos del país y también de países vecinos, como Uruguay, para participar de las misas, bendiciones y oraciones que se sucedieron durante todo el día.
Buenos Aires, 21 de abril de 2026. Las filas se extendieron por más de 20 cuadras en las primeras horas de la mañana, con esperas que superaban las dos horas para poder ingresar al santuario ubicado en Bartolomé Mitre 2411. Allí, los devotos se acercaban a tocar la imagen del santo y a dejar sus intenciones en cuadernos que rápidamente se llenaban de pedidos por salud, trabajo y paz. Según estimaciones del Arzobispado de Buenos Aires, cerca de 70.000 personas pasaron por el templo a lo largo de la jornada, en un flujo constante de entrada y salida que no se detuvo hasta la noche.
El momento central fue la procesión de la tarde, encabezada por el arzobispo de Buenos Aires, monseñor Jorge García Cuerva, quien condujo la columna de fieles por las calles aledañas, hasta el Congreso y por la avenida Rivadavia, antes de regresar a la parroquia. Tras la procesión, se celebró la misa principal frente a la iglesia, donde el arzobispo pronunció una homilía que resonó con fuerza en el contexto social actual. “Si necesitamos la fortaleza y la paz que sanan es porque hay heridas, estamos enfermos, y por eso necesitamos ser sanados”, expresó, aludiendo tanto a las dificultades personales como a las familiares y sociales. “No queremos estar ajenos a lo que le pasa a la sociedad: también necesitamos paz para nuestra Argentina”, agregó, en un llamado a superar la intolerancia y la falta de respeto.
Los testimonios de los peregrinos reflejaban la diversidad de motivaciones, pero coincidían en la fe y la necesidad de alivio. Una mujer de Campana agradecía por la mejoría de su hijo, mientras otra pedía por la salud de su nieto en camino. Un hombre llegado desde Concordia relataba que era la primera vez que asistía, para dar gracias a Dios. Otros, en cambio, pedían por la paz y el trabajo para todos, en un país atravesado por la incertidumbre económica y social. “Es milagroso”, repetían muchos al salir, visiblemente emocionados, algunos incluso mostrando tatuajes con la imagen del santo.
El párroco Walter Marchetti, encargado de bendecir a los peregrinos, destacó la importancia de la fecha y la masiva concurrencia. “Es un día muy especial porque vienen miles de peregrinos de todo el país y de países vecinos. Este año estamos pidiendo fuerza en la adversidad y paz que sane. En un mundo donde hay tanta discordia, guerra y violencia, los devotos de San Expedito nos pedían la paz”, señaló. El lema elegido para la celebración, “Danos fortaleza y paz que sanan”, sintetizó el espíritu de la jornada.
La figura de San Expedito, comandante romano convertido al cristianismo y muerto mártir, se asocia desde hace siglos a las causas urgentes y a las decisiones que no admiten demora. Cada 19 de abril, su festividad convoca a miles de fieles que buscan su intercesión en momentos de necesidad. En Balvanera, donde la imagen del santo fue instalada hace 22 años, la devoción creció hasta convertirse en una de las más multitudinarias de la ciudad. Los carteles y pasacalles colgados en las rejas del templo daban cuenta de los agradecimientos por favores concedidos, mientras las velas y antorchas iluminaban la procesión nocturna que cerró la jornada.
En su homilía, García Cuerva también se refirió a las heridas familiares y sociales que necesitan ser sanadas: discusiones, problemas económicos, adicciones y violencia intrafamiliar. “Necesitamos la fortaleza para no bajar los brazos, para seguir adelante, aunque a veces en casa las cosas se ponen difíciles”, dijo. Y extendió su mensaje al plano internacional: “La guerra no trae más que muerte y negocios para algunos vivos que hacen mucho dinero con el tráfico de armas. La paz que necesitamos es la que cura las heridas profundas”.
La celebración de San Expedito en Balvanera se consolidó como un espacio de encuentro espiritual y comunitario, donde la fe se mezcla con la esperanza de soluciones inmediatas a problemas cotidianos. En un país marcado por la incertidumbre, la multitud que se acercó al santuario dejó en claro que la devoción al santo sigue vigente y que, más allá de las dificultades, la búsqueda de fortaleza y paz continúa siendo un motor de unión y esperanza.
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