Sociedad | Aniversario del asesinato de Cabezas
Matar al mensajero
El asesinato de Jos茅 Luis Cabezas, ocurrido el 25 de enero de 1997 en Pinamar, se convirti贸 en el s铆mbolo m谩s brutal de la intolerancia del poder frente a la prensa independiente en la Argentina. A casi tres d茅cadas de aquel crimen, la memoria de Cabezas sigue interpelando a la sociedad y recordando que la libertad de expresi贸n es un derecho que debe defenderse cada d铆a. Adem谩s, es un indicio fuerte del repudio creciente a la democracia entre los m谩s poderosos.
Buenos Aires, 20 de enero de 2026. El fot贸grafo de la revista Noticias fue secuestrado y asesinado tras haber retratado al empresario Alfredo Yabr谩n, un hombre que hasta entonces se manten铆a en las sombras y que representaba la connivencia entre negocios, pol铆tica y poder mafioso. La imagen de Yabr谩n publicada en la tapa de la revista fue suficiente para desatar una represalia que expuso la violencia con la que ciertos sectores reaccionan cuando sienten amenazado su control. El crimen de Cabezas no fue solo un ataque contra un periodista, sino contra toda la sociedad que reclama transparencia y derecho a la informaci贸n.
La Asociaci贸n de Entidades Period铆sticas Argentinas (ADEPA) lo defini贸 como el atentado m谩s grave contra la profesi贸n desde el retorno de la democracia en 1983. Esa definici贸n no es exagerada: el asesinato de Cabezas puso en evidencia que la prensa independiente incomoda a los poderes f谩cticos, y que cuando se la enfrenta con valent铆a, la respuesta puede ser feroz. La fotograf铆a de Yabr谩n fue un acto period铆stico que rompi贸 el pacto de silencio y mostr贸 que el periodismo puede iluminar aquello que el poder quiere mantener oculto.
Desde entonces, la relaci贸n conflictiva entre poder y prensa se ha repetido en distintos momentos de la vida pol铆tica argentina. La persecuci贸n judicial a periodistas, las presiones econ贸micas sobre medios cr铆ticos, el escarnio p煤blico, los intentos de censura y la estigmatizaci贸n de voces independientes son pr谩cticas que, aunque menos extremas que el asesinato de Cabezas, mantienen vivo el mismo patr贸n de intolerancia. La l贸gica es siempre la misma: deslegitimar, acallar o castigar a quienes investigan y publican lo que incomoda.
La vigencia del caso Cabezas se refleja en cada aniversario, cuando colegas, familiares y organizaciones reclaman memoria y justicia. Pero tambi茅n se refleja en la actualidad, cuando periodistas que investigan corrupci贸n, narcotr谩fico o abusos de poder reciben amenazas o sufren campa帽as de hostigamiento en redes sociales. El mensaje que dej贸 aquel crimen es claro: sin libertad de prensa, la democracia se vac铆a de contenido.
Cabezas se convirti贸 en un emblema porque su asesinato mostr贸 crudamente que el periodismo independiente es un contrapeso indispensable frente a los abusos. La intolerancia del poder hacia la prensa no es un fen贸meno del pasado, sino una tensi贸n permanente que exige vigilancia ciudadana. Defender la memoria de Cabezas es defender el derecho de todos a estar informados, a conocer lo que ocurre detr谩s de los muros del poder y a exigir rendici贸n de cuentas.
La democracia argentina, con sus avances y retrocesos, no puede permitirse olvidar que un fot贸grafo fue asesinado el 25 de enero de 1997 por cumplir con su deber profesional. La mejor manera de honrarlo es garantizar que ning煤n periodista vuelva a ser silenciado por la violencia, y que la prensa independiente pueda seguir cumpliendo su funci贸n sin miedo ni represalias. El caso Cabezas nos recuerda que la libertad de expresi贸n no es un privilegio, sino un derecho que se conquista y se defiende cada d铆a.