Porte√Īas | Galer√≠a G√ľemes

Un edificio futurista

Es uno de los testimonios m√°s importantes del Art Nouveau en Buenos Aires: m√°s de cien metros de un pasaje peatonal que une las calles Florida y San Mart√≠n en el barrio San Nicol√°s, con un edificio de 14 pisos y 87 metros, considerado uno de los primeros rascacielos de la ciudad, y un mirador en lo alto, con vista 360, reabierto para visitas al p√ļblico en 2013. Por Pablo Mart√≠n S√°ez (Fuente: www.ebcprensacooperativa.net.ar)
Buenos Aires, 6 de febrero de 2024. Inaugurado en 1915, fue una gran novedad por los m√ļltiples espacios que inclu√≠a, a la manera de los shopping de hoy: un subsuelo, un teatro, un cabaret y un restaurante, pisos de vivienda que daban a Florida y oficinas sobre San Mart√≠n. La tecnolog√≠a era sorprendente: ascensores capaces de recorrer 140 metros en 60 segundos, sistemas contra incendios, activados por alarmas el√©ctricas, refrigeraci√≥n, calefacci√≥n y ventilaci√≥n forzada, y un sistema de tubos neum√°ticos que serv√≠a de correo interno del edificio. Tambi√©n la combinaci√≥n de iluminaci√≥n natural y artificial de la b√≥veda y la broncer√≠a, resultaron una novedad para la √©poca.

El pasaje fant√°stico de Cort√°zar

Fue motivo de atenci√≥n de Roberto Arlt en una de sus aguafuertes porte√Īas y escena de un memorable cuento de Julio Cort√°zar llamado ‚ÄúEl otro cielo‚ÄĚ. All√≠, el protagonista a trav√©s de la Galer√≠a G√ľemes llega a Par√≠s y oscila entre su vida gris en Buenos Aires con su madre y su novia, y aventuras con su amante, una prostituta llamada Josiane, con quien duerme en una buhardilla en los altos de la Galer√≠a Viviene, en el siglo XIX. Escribe Cort√°zar: ‚ÄúHacia el a√Īo veintiocho, el Pasaje G√ľemes era la caverna del tesoro en que deliciosamente se mezclaban la entrevisi√≥n del pecado y las pastillas de menta, donde se voceaban las ediciones vespertinas con cr√≠menes a toda p√°gina y ard√≠an las luces de la sala del subsuelo donde pasaban inalcanzables pel√≠culas realistas‚ÄĚ.

Buenos Aires quería ser otra

‚ÄúLa vieja y fea ciudad de Garay, chata, plana, rectil√≠nea, de casas sin gusto y como hechas para demolerlas a la brevedad posible, empieza a renovarse, a vivir la vida de opulencia a que tiene derecho por la actividad de sus hijos, trabajadores infatigables, que sabr√°n llevarla a la cima del progreso universal‚ÄĚ, dec√≠a un n√ļmero especial de la Revista de Arquitectura, en enero de 1916. Expresi√≥n tal vez de un cierto complejo de inferioridad que ten√≠an las elites criollas respecto a la arquitectura colonial y un af√°n de imitar las grandes capitales del mundo. La Galer√≠a G√ľemes es adem√°s el proyecto de una poderosa familia salte√Īa que buscaba destacar su presencia en Buenos Aires, desde lo simb√≥lico y lo econ√≥mico.

En 1912, David Ovejero Zerda propuso a sus primos Emilio, Alberto y Víctor San Miguel Ovejero una inversión inmobiliaria en la ciudad de Buenos Aires: una galería comercial, al estilo de los pasajes comerciales europeos de entonces, sobre la cual se elevaría un rascacielos. La obra se haría en un lote sobre la calle Florida 155/73, zona conocida como concurrido paseo, a una cuadra de la entonces nueva Diagonal Norte, cercana al centro del poder político y económico. La ubicación garantizaba no solo una alta renta inmobiliaria, sino también conseguir trascendencia a nivel nacional mediante la creación de un edificio sin precedentes.

El arquitecto de la Confitería del Molino

El proyecto fue encomendado al arquitecto Francisco Gianotti (1881-1967), formado en las Academias de Bellas Artes de Turín y Bruselas, quien había llegado a Argentina en 1909 como parte de la comisión italiana para el Centenario de Mayo. En 1910 trabajó junto con Gaetano Moretti y Mario Palanti en la construcción del Pabellón Italiano. También es autor de otro edificio emblemático de nuestra ciudad: la Confitería del Molino, inaugurada en 1916. Si bien este tipo de galería europea era conocida, Gianotti realizaría una notable innovación al asociarla a una tipología que se estaba convirtiendo en símbolo del desarrollo urbano: el rascacielos norteamericano, y uniría así las imágenes de París y Nueva York.

Al principio se pens√≥ en realizar la obra tan solo sobre Florida, pero luego se sum√≥ al proyecto el Banco Supervielle, propietario del lote que miraba a San Mart√≠n. La construcci√≥n comenz√≥ en 1913 y debi√≥ afrontar no pocos problemas: sus propietarios quedaron casi en bancarrota por el costo de la obra que subi√≥ de 10 a 15 millones de pesos, situaci√≥n agravada cuando un submarino alem√°n hundi√≥ el barco que tra√≠a los m√°rmoles italianos para la fachada sobre Florida y otros elementos para su terminaci√≥n. Tambi√©n debieron sortear numerosas trabas de construcci√≥n urbana, pero los v√≠nculos pol√≠ticos que la familia salte√Īa ten√≠a con las elites de Buenos Aires habilitaron la construcci√≥n en altura, que ya comenzaba a cambiar definitivamente el aspecto de nuestra ciudad.

El nombre del edificio rinde homenaje al m√°ximo h√©roe de la provincia de Salta, general Mart√≠n Miguel de G√ľemes. La inauguraci√≥n fue organizada por el C√≠rculo de la Prensa y a ella asistieron el presidente de la Naci√≥n, Victorino de la Plaza (de origen salte√Īo), otras autoridades y descendientes del general G√ľemes.

Hoy este edificio es un testimonio m√°s del eclecticismo porte√Īo y su historia tan rica pasa desapercibida para los no iniciados. Pero, si hacemos como el personaje del cuento de Cort√°zar, y nos dejamos vagar por la ciudad, inevitablemente llegaremos al fant√°stico pasaje, entre esa abigarrada ornamentaci√≥n Art Nouveau, locales de todo tipo, un teatro con shows de tango para turistas, un caf√©, un restaurante, misteriosos departamentos privados y aquel mirador en lo alto que permite comprender el caleidoscopio babil√≥nico de nuestra cultura porte√Īa.


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