Sociedad | Escuela pública

¿Para qué sirven las cooperadoras escolares?

“La familia organizada en la escuela” podría funcionar como una breve pero potente definición de lo que es una cooperadora escolar. Va desde aquí un paneo por su quehacer diario, sus resistencias y las discusiones que atraviesan al movimiento cooperador porteño. Por Verónica Ocvirk (Fuente: www.ebcprensacooperativa.net.ar)
Buenos Aires, 10 de octubre de 2023. Para quienes no tienen lazos más o menos directos con las escuelas de gestión estatal -sean de nivel inicial, primario o secundario- el término “cooperadora” puede llegar a sonar algo borroso. Cuestiones como qué hace una “coope”, quiénes la forman o hasta dónde tiene la posibilidad de intervenir en la vida escolar a veces ni siquiera resultan tan claras hacia adentro de las mismas escuelas públicas.

Las personas que forman la cooperadora -principalmente madres y padres- donan su tiempo (y a veces también recursos económicos) para sumar a la escuela ciertos equipamientos o insumos que necesite: desde material de librería hasta elementos  para las clases de gimnasia, pasando por instrumentos o juegos para el jardín. También encaran arreglos edilicios, en principio, menores. Y además compran los regalitos para quienes empiezan primer grado, y las medallas para séptimo, y para quienes juran de la bandera, y suelen encargarse de cubrir el gasto si alguien no puede pagar una excursión o un campamento. En algunos casos organizan actividades culturales abiertas a la comunidad, como ferias del libro, o festivales con música, venta de comida y kermesse.

En el caso de la ciudad, las cooperadoras se financian principalmente por tres vías. Fondos que otorga el Gobierno porteño y solo pueden gastarse para cumplir con el Plan Anual Institucional. Otra son las cuotas -no obligatorias- que pagan los socios. Y la tercera: las ferias del plato, rifas, ferias americanas y otras actividades “extraordinarias” que puedan llegar a organizar para acrecentar sus recursos.

De las cerca de 1.000 escuelas de gestión estatal, 777 cuentan con una cooperadora. Un comentario recurrente en el movimiento cooperador tiene que ver con el hecho de que, más allá del trabajo encomiable, las coopes están haciéndose cargo del suministro de insumos, equipamiento y arreglos que en realidad corresponderían al Ministerio de Educación.

“Las cooperadoras vienen tapando agujeros en un montón de cuestiones. De hecho, muchas escuelas funcionan con normalidad gracias a este trabajo”, dice Pablo Cesaroni, referente de la agrupación Cooperadores en Movimiento. Y agrega: “No caben dudas de que hay que fortalecer al movimiento cooperador para que pueda seguir cumpliendo su rol. Pero tener claro a la vez que la responsabilidad del gobierno tiene que ser otra, empezando por aumentar el presupuesto educativo y contribuir a que las cooperadoras puedan dedicarse más a tareas culturales, o participativas, o solidarias, o a proyectos propios, como podría ser organizar una jornada de teatro o pintar un mural, en vez de tener que estar arreglando la escuela”.

Lograr el involucramiento y la participación de las familias tampoco resulta fácil en un momento histórico atravesado por el individualismo extremo -por un lado- y la escasez de tiempo libre -por otro-. Otra cuestión medular tiene que ver con el vínculo, a veces fantástico, a veces algo tenso, que las cooperadoras establecen con las conducciones.

Después de 13 años al frente de la dirección de la escuela Petronila Rodríguez de Parque Chas, Lelis Paladino se jubiló el último julio. La coope la bautizó como “la mejor directora del mundo”. Y ella reconoce la centralidad que tiene la armonía en el tándem coope-dirección. “Hay conducciones que son muy cómodas y le tiran todo a la cooperadora. Yo tenía mi caja chica, que a veces se terminaba, y entonces, por ejemplo, compraba los marcadores con fondos de la cooperadora. Pero me ocupaba yo de ir a la librería”, explica, y discute también el hecho de que las coopes se tengan que hacer cargo del alquiler de las fotocopiadoras. “Las fotocopias se usan todo el tiempo”, advierte. “Debería haber una fotocopiadora por escuela puesta por el gobierno de la ciudad”. “Creo que la coope debería poder concentrarse en lo social, en la bienvenida de los chicos de primero, en actividades culturales”.

De leyes y “politización”

En 2022 vio la luz la ley 6613 de la ciudad, votada exclusivamente por el oficialismo y muy cuestionada por gran parte del movimiento cooperador. “Es una ley mordaza”, señaló el cooperador de la Comuna 7, Gustavo Alonso. “Quieren que las cooperadoras no puedan emitir palabra sobre cualquier cosa que no sea gastar un fondo. Esa ley no amplía ningún derecho. Siempre decimos que la cooperadora podría hacer un contralor de lo que el Ministerio hace en la escuela en comedores, o sobre aspectos edilicios. Pero la ley va en el sentido opuesto. No quieren abrir el juego”.

Intentamos hablar con la Gerencia de Apoyo a las Escuelas y Cooperadoras Escolares, pero solo aceptaron responder preguntas escritas. A la consulta sobre si existían críticas sobre el accionar actual de las cooperadoras respondieron que no hay “ninguna”. Y como reflexión destacaron un artículo de la nueva ley: el que advierte que “la Comisión Directiva no puede utilizar la Cooperadora Escolar para promover actividades con fines comerciales, político partidarios, religiosos y cualquier otro que sea ajeno a las funciones propias de las Cooperadoras por cuestiones de conflicto de intereses”.

Las coopes, con todo, continúan siendo un gran lugar para trabajar y sentirse parte de la escuela. “La coope es el corazón de la escuela -sostiene Cesaroni-. Es el lugar por fuera de la estructura académica que permite encontrarnos desde una perspectiva más social, más cultural, y promover espacios de encuentro más relajados para generar identidad, sentir a la escuela como propia, cuidarla y quererla”. 


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