Sociedad | La pandemia para los comercios barriales

De la crisis a la oportunidad

Los cierres de 2020 dejaron una sangría de comercios cerrados ante la parálisis total de la actividad. Sin embargo, la paulatina reapertura y la “normalidad” de la segunda mitad de este año plantean un gran repunte en el consumo, impulsado por el cambio de hábito en los clientes, que priorizan la cercanía por sobre los grandes centros comerciales. Por Mateo Lazcano, para la Cooperativa de Editores EBC
Buenos Aires, 7 de diciembre de 2021. Durante los meses de restricciones más duras provocadas por la pandemia en 2020, caminar por las principales avenidas de los barrios planteaba un cuadro desolador. Persianas bajas, veredas vacías y un clima similar al de una película de terror, muy lejano al movimiento habitual en una urbe como es Buenos Aires.

Esa parálisis de la actividad fue letal para miles de comercios, pero otros pudieron asomar la cabeza y sobrevivir. Las reaperturas controladas de finales del año pasado y sobre todo, el escenario casi de “normalidad” que se vive desde la segunda mitad de este 2021, luego de que hubiera pasado la segunda ola de coronavirus, permite a todo el sector comercial una revancha.

El año finaliza con un marcado crecimiento del consumo y un escenario optimista de cara al año próximo. En números, se vende un 20% más que en 2019, el último año de normalidad, aun tratándose del período de recesión que marcó el final del gobierno de Mauricio Macri.

Las voces autorizadas vinculan esta realidad a un cambio de hábito notorio, uno de los tantos que provocaron estas nuevas costumbres impuestas por el confinamiento. “La pandemia mostró una doble cara. En el tramo más duro, la situación de los cierres afectó terriblemente porque dejó cero ingresos. Pero posteriormente, cuando se dieron las aperturas controladas, la gran mayoría de los comercios notó que gracias al home office se acrecentó mucho el consumo local, de cercanía”, indica Jorge Mesturini, Presidente de la Cámara de Comercio de Villa Devoto.

“Esto primero se debió a las limitaciones al transporte y al hecho de no tener que movilizarse para trabajar, pero quedó naturalizado como una forma de consumo”, agrega asimismo Ernesto del Burgo, Presidente de la Cámara de Comerciantes, Profesionales y Emprendedores de la Avenida Santa Fe.

El titular de la Federación de Comercio e Industria de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (FECOBA), Fabián Castillo, llega a una conclusión similar al respecto, pero incorpora otro punto de origen. “Hay un cambio de hábito de consumo en las distintas generaciones en el que ‘tiempo es vida’. Eso, que es un tema de conducta general, ha mostrado su correlato en el comercio, sobre todo a partir de la pandemia. Nuestro objetivo es que el sector se adapte bien a eso”, explica. 

La Avenida Santa Fe, que se extiende entre Palermo y Retiro, ha mostrado en este tiempo una realidad propia de destacar. “Cuanto más barrio tenés, más se sostuvo, y cuanto más cerca del centro está, peor le fue”, dice del Burgo, quien vincula esto a la falta de movimiento que hubo en el Microcentro ante el auge del teletrabajo y la falta de turistas. 

Sin duda, esta área de la Ciudad fue la más damnificada, y es la que más lejos está de salir de la crisis. “Hay 100 locales cerrados y más de 400 dentro de las galerías. Estamos presentando el proyecto en la Legislatura para transformar lo que se conoce como Centro, que es el sector donde se concentran edificios tradicionalmente de oficinas, en barrios residenciales”, anticipa Castillo.

Desafíos pendientes para el sector

En la Ciudad de Buenos Aires los centros comerciales a cielo abierto son sesenta y ocho. Este cambio de paradigma les impone un nuevo desafío. “Debemos generar una conciencia de grupo, de trabajo conjunto. Pese a estar a cielo abierto hay que trabajar como si fuera consorcio, como un shopping. Solo nos separa que tenemos una estructura abierta, pero en la oferta económica hay que entenderlo como si fuera un continuo. No siempre está esa conciencia de parte del comerciante, y es una tarea de la Cámara trabajar por ello”, confiesa Mesturini.

Castillo aporta la característica de que este sector, a diferencia de los shoppings, “conoce a Doña Rosa y Don José, que son sus vecinos además de sus clientes”. “Esto también influye a la hora de dar empleo, que muchas veces es para el pariente del vecino. Hay que reforzar esa pertenencia y trabajar a la vez de manera particular en cada rubro”, suma.

El confinamiento y la necesidad de evitar al máximo el contacto físico dio pie para que a partir del período pandémico incrementen su peso dos aspectos vinculados a la tecnología: la venta online y el pago mediante billeteras virtuales. Todas las voces coinciden en que se transformó en una necesidad ineludible contar con ellas, ya que el comercio que no lo ofrece, pierde clientes. 

Entre las demandas insatisfechas, se oyen voces críticas a la falta de insumos que generan las trabas a la importación, que atentan contra la necesidad de contar con un alto flujo de stock. “Podemos alegrarnos por vender más, pero cuando nos damos vuelta, debe haber productos suficientes para reponerlo”, reflexiona del Burgo.

A su vez, el titular de la Cámara de la Avenida Santa Fe recuerda la “injusticia” y “deslealtad” que supone la venta callejera ilegal. “Es como una materia pendiente que siempre está pendiente. El problema está no solo en el hecho de que los comercios tengamos que pagar impuestos y los manteros no, sino también en que el origen de esos productos es mayoritariamente contrabando”, plantea.


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