Editorial | 2 de abril

La vuelta al mundo colonial

Malvinas condensa de manera clara el sentido último y no confesado de la retórica de la vuelta al mundo que proclamó la alianza Cambiemos. No sólo se trata de pagar sin chistar los reclamos ilegítimos de los fondos buitres, bajo el pretexto de normalizar las relaciones con el mundo financiero internacional y así lograr créditos internacionales a menor costo. Cosa que no sucede ni sucederá, ya que seguimos pagando el doble que Bolivia, por ejemplo. Buenos Aires, 4 de abril de 2017. No se trata solamente de volver a las auditorías anuales del Fondo Monetario Internacional (FMI) para que los expertos en provocar recesiones a repetición en todo el mundo, con su receta única de ajuste del gasto público, apertura indiscriminada de la economía, privatizaciones y desregulaciones, vuelvan a hacer de las suyas en nuestro país. Conocemos de sobra sus resultados entre nosotros.

No se trata tampoco nada más que de alinearse con las políticas imperiales y hacer nuestros sus objetivos sin siquiera detenernos a pensar para qué nos sirve a nosotros como Nación hacer causa común con Estados Unidos y trabajar desde el primer día para expulsar a Venezuela del Mercosur, volver a encubrir el atentado a la AMIA para poder culpar sin pruebas a Irán o reconocer como “proceso institucional normal” la defenestración de Dilma Rousseff en Brasil. Todos esos son apenas gestos que ocultan algo más profundo.

Eso más profundo que todavía permanece oculto, apenas asomó cuando a Macri en el bicentenario de la Declaración de la Independencia, frente a la Casa de Tucumán y ante el monarca español, se le ocurrió la peregrina idea de mentar una supuesta “angustia” de los hombres que proclamaron el fin del vasallaje con España y de “cualquier otra potencia extranjera”, ante el paso que iban a dar. Quizás él se hubiera ahorrado la angustia. Un comerciante rico de la colonia no tenía un mal pasar y siempre la Corona lo hubiese protegido.

De igual modo, la política vergonzante frente al Reino Unido, el silencio frente a la expansión militar británica en un territorio argentino que ocupan ilegalmente, la complicidad de nuestro gobierno con la contumaz negativa siquiera a dialogar sobre nuestros reclamos y la falta de reclamos ante el continuo saqueo de nuestros recursos naturales, reconocidos por toda la comunidad internacional, hablan por sí mismos de que para Macri es preferible hacer buenos negocios con Inglaterra que recuperar las islas. Y que Malvinas es un precio que ellos, los que integran su gobierno, están dispuestos a pagar. Todo sea por ser aceptados en su club.

Para volver a ese mundo, por supuesto, también se puede silenciar la complicidad de la derecha brasileña que facilita aeropuertos para que los aviones ingleses hagan escala en sus viajes entre la metrópoli y las islas. Entienden que el nacionalismo es un veneno promovido por los populismos, los mismos que le hicieron creer a la gente que con un sueldo común se podía comprar un plasma, tener un celular, poseer un auto y viajar en vacaciones. Una quimera enfermiza ¡El mundo es de los poderosos!, parecen decir. Están convencidos de que no hay lugar para la igualdad en una sociedad en las que pocos tienen casi todo y la enorme mayoría no tiene casi nada. Creen que los pobres, los laburantes, los pueblos como el nuestro, deben conformarse con ser bien tratados por los amos. Total, Macri y su casta, pertenecen por fondos propios y mal habidos, al mundo de los poderosos.

Por eso, igual que el 24 de marzo que preferirían olvidar, trataron de mover el feriado del 2 de abril. Porque la memoria es una poderosa herramienta para consolidar la identidad de un pueblo. Y un pueblo que conoce sus derechos no puede ser sometido.


Lic. Gerardo Codina



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