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La lucha por el reconocimiento

Pese a ser considerados “trabajadores esenciales” y a estar en la primera línea de atención sanitaria, el gobierno no los reconoce como profesionales. Christian Acosta, enfermero del Hospital Ramos Mejía y referente del gremio SITRE, habló con este medio y contó las consecuencias de no estar incluidos en la carrera profesional de CABA.
Buenos Aires, 3 de noviembre de 2020. "Los enfermeros estamos en la primera línea, hacemos el 80% de la atención directa, pero no nos reconocen como profesionales de la salud”, dice a este medio Christian Acosta, licenciado en enfermería, trabajador en el área de Terapia del Hospital Ramos Mejía y en la Residencia Yerbal del PAMI; también es referente del Sindicato de Enfermería (SITRE-CABA).

Sobre la situación actual en el Ramos, principal efector público de la Comuna 3 (Balvanera y San Cristóbal) y alrededores, señala que “la cantidad de camas ocupadas bajó un 30% en comparación a meses anteriores donde hubo pico de casos diarios por Covid-19, pero la demanda sigue siendo elevada” para coronavirus y otras afecciones. “Ahí es clave el trabajo de los enfermeros”, resalta.

Pese a la importancia de estos trabajadores de la salud, no forman parte de la llamada carrera profesional en CABA. En 2018 se aprobó la Ley porteña Nº 6.035 que enumera a los profesionales que se desempeñan en el sistema público de Salud de la CABA. Son 24 profesiones universitarias, entre ellas: médicos, odontólogos, psicólogos, fonoaudiólogos, nutricionistas, veterinarios o licenciados en comunicación social. Los licenciados en enfermería no fueron incluidos. Permanecen dentro de la carrera administrativa, lo cual repercute en su salario y en las horas laborales. Tampoco figuran los técnicos de rayos y los instrumentadores quirúrgicos.

“En 2018 yo hice una comparativa y había una diferencia de hasta $15.000 entre alguien que está o no en la carrera profesional. Ahora esa diferencia puede ser de hasta $40.000. Por eso, queremos que se amplíe el listado de profesionales incluidos”, dice Acosta. 
“Para tirarnos un hueso, nos crearon una cerrera de enfermería paralela, pero no hubo cambios grandes más que incluir el plus sanitario de $2.000, pero no es una diferencia importante. No hubo intención siquiera de acércanos a lo que es el salario profesional”.

“Estamos en la primera línea ante la pandemia de Covid-19, pero figuramos como carrera administrativa. Es una contradicción. Es difícil, triste y frustrante para todos los colegas que ponen el cuerpo y el alma en esta situación. Algunos pusieron la vida trabajando para dar la mejor calidad de atención posible en el ámbito público y privado en estos ocho meses”.

“En pandemia nos suspendieron las licencias de todo tipo, redujeron la cantidad de recurso humano al dar licencias a personas con factores de riesgo, pero se amplió la demanda por la crisis sanitaria. De las 24 profesiones de la ley, hay 18 que no pisan el hospital por funciones no asignadas. Los enfermeros hacemos el 80% de la atención directa, pero estamos ganando hasta $40.000 menos por no estar en la carrera profesional, frente a gente que sí está incluida, gana esa diferencia y no está yendo”.

Asegura que en la gestión para contener la pandemia “hubo errores por no escuchar a la gente que pone el cuerpo”. Menciona que al comienzo de la pandemia el reclamo de los trabajadores se focalizó en exigirle al Gobierno porteño Elementos de Protección Personal (EPP): “Los primeros que mandaban eran malos y escasos. La primera gran lucha fue por ese lado en el Ramos e incluyó presentaciones judiciales. Ahora hay una estabilidad con los envíos”. Suma que “los protocolos sanitarios eran contradictorios o inaplicables por la cantidad de personal”. También habla de una “falta de participación de trabajadores en el comité de crisis”: “Hay delegados que no pisan el servicio, tocan de oído y negocian cosas para la delegación y no para el trabajador”.

“En el medio hubo colegas infectados, áreas cerradas. También hubo que capacitar gente que no tenía experiencia laboral en ningún área. Fue una sobrecarga laboral porque aparte de nuestra labor tuvimos que formar gente en servicio. Se trata de colegas que entran ganando una miseria en medio de una pandemia, es un peso que llevan con una gran responsabilidad”. 

“Contra la Ley Nº 6.035, desde 2018 hasta ahora hubo muchas acciones colectivas en la calle, acciones judiciales colectivas e individuales, presentantes ante el INADI, la Defensoría del Pueblo y otros organismos. Nos movilizamos para visibilizar el conflicto, pero lamentablemente el efecto real es casi nulo”. 

Para Acosta, los enfermeros no están en la carrera profesional por una puja de poder: “Somos un colectivo grande con 10.000 trabajadores, 3.500 de ellos licenciados en enfermería. Es un colectivo con estructura, con jefatura de departamento, jefatura de área. Eso implica poder sindical y político en instituciones sanitarias”.

Es más, atribuye responsabilidades: “SUTECBA presionó para que enfermería no pase a la carrera profesional. La Asociación de Médicos Municipales no quiere un colectivo tan fuerte como enfermería en la carrera profesional porque les disputaría poder”. “En el debate exprés que se hizo de la ley, la ahora legisladora y exministra de Salud Ana María Bou Pérez (ex subdirectora del Ramos Mejía) y el entonces presidente de la Comisión de Salud José Luis Acevedo nos decían que los enfermeros no quedábamos afuera de la escala profesional por una cuestión de dinero. Ahí queda claro que nos mantienen cautivos por los intereses de unos pocos”.

“Hay una relación de poderes por más que hagamos medidas que rompan el cerco mediático, hay una posición fuerte del Poder Ejecutivo de no escuchar y no dar el brazo a torcer. Se está instalando en la opinión pública que la Ciudad no reconoce a los enfermeros como profesionales. Eso les jode en el Gobierno, pero no les hace cambiar de posición, políticamente el costo es menor. Pero uno no pierde las esperanzas y la lucha sigue”. 

Juan Castro


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