Sociedad | Teletrabajo

¿Llegó para quedarse?

El cese de actividades impuesto por la cuarentena no fue total. Por un lado, los trabajadores de los servicios esenciales siguieron desempeñándose, aunque con nuevas precauciones para evitar contagios. Por el otro, muchos debieron adaptarse a hacer sus tareas en forma remota, recurriendo a su equipamiento informático y a su conexión a internet. Lo mismo que los chicos para mantenerse conectados con sus escuelas.
Buenos Aires, 9 de junio de 2020. Trabajar desde casa parece atractivo en principio. No perder tiempo en viajes. Poder organizar los propios tiempos. Comer comida casera siempre. Para quien vive solo o dispone de un espacio para estar solo y dedicarse a trabajar, puede ser óptimo. Pero pocos disponen de esas comodidades. Además la compu que se tiene en casa y la conexión a internet, cuando existe, en pocos casos son adecuados para estar conectado laboralmente, sin contar que hay cortes o mermas en la velocidad de conexión y el servicio es carísimo. Y la necesidad de reuniones virtuales o video llamadas pone en evidencia los rudimentarios micrófonos, auriculares o cámaras que la mayoría tiene en casa. 

Pero no se trata sólo de lugar adecuado o equipos funcionales a la nueva demanda. También que se mezclan cuestiones de la vida doméstica con la vida laboral. Sobre todo si hay chicos en casa, necesitados de auxilio para mantener su proceso de aprendizaje escolar a distancia y sin maestra o maestro a la vista. Es más exigente para madres que están solas a cargo de sus hijos, de las tareas domésticas y que además deben trabajar, aunque sea a distancia.

También el trabajo es el lugar del encuentro con los colegas, las personas con las que compartimos nuestras tareas y eso se pierde con la distancia, por mucho que mantengamos conversaciones en línea todos los días. La calidad de la vinculación es diferente, lo mismo que un abrazo virtual no se parece en nada a uno cuerpo a cuerpo.

Sin embargo muchos ven otro peligro. El de que, más allá de la pandemia, que algún día pasará, las empresas tiendan a organizar las tareas apoyándose en un creciente teletrabajo. Finalmente, significa ahorros para ellas. Oficinas más chicas consumen menos electricidad, requieren menos limpieza, tienen menor mobiliario y equipamiento. Todo eso puede externalizarse en los trabajadores que, además, para poder trabajar, tendrán que tener sus propias herramientas. Como los choferes “asociados” a Uber, que deben disponer su propio auto para que la multinacional haga su negocio.

El tema tiene su miga. Tanto que ya aparecen controversias judiciales. Como la que consignó el diario BAE el 20 de mayo. La Corte Suprema suiza definió que las empresas deben pagar parte del alquiler de sus empleados, si estos trabajan desde sus casas a pedido de sus empleadores. Porque son las empresas las que tienen que proveer el lugar y las herramientas de trabajo. Como comenta un jurista suizo experto en cuestiones laborales, “la ley obliga a los empleadores a reembolsar a sus empleados todos los gastos incurridos para llevar a cabo su trabajo”. Eso también debiera incluir el equipamiento informático y la conexión a internet, además del espacio de trabajo. ¿Cómo será entre nosotros? No es temprano para preguntárselo. El futuro ya llegó.

Santiago Pujol


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