Comunales | La gestión de los residuos urbanos en el siglo XIX

El tren de la basura

El de la basura en la ciudad no es un problema nuevo. Las diferentes soluciones que se han intentado a lo largo del tiempo, tampoco han variado demasiado. Prueba de ello y de las huellas que han dejado en la memoria colectiva y en la trama urbana, es el llamado “tren de la basura”. Desde la Estación 11 de setiembre se desprendía de la línea principal para llegar a Parque de los Patricios llevando los crecientes residuos de la naciente Reina del Plata. De La Quema al Barrio de las Ranas

Buenos Aires, 11 de febrero de 2013. Los investigadores Verónica Paiva y Mariano Perelman publicaron en la revista especializada THEOMAI, en 2010, un artículo en el que recorren la historia de los tratamientos de la basura en la ciudad, desde 1860 hasta 1977 (Ver http://www.revista-theomai.unq.edu.ar/numero21/ArtPaiva.pdf).

Allí reconstruyen ese costado de nuestra historia urbana. La creciente y rápida urbanización de la ciudad de Buenos Aires durante el siglo XIX hizo que los “huecos” (terrenos baldíos) dónde se arrojaba la basura primitivamente, quedasen ubicados en áreas céntricas, lo que provocó la búsqueda de otros sitios y otros métodos de tratamiento.

Ante el incremento de la cantidad residuos y el alto costo de su tratamiento, desde 1861 la Municipalidad empezó a contratar con particulares para que trataran la basura, según la siguiente metodología. Los empresarios debían recolectar y recuperar los elementos comercializables (muebles, huesos, trapos, papel) y deshacerse de lo inservible a través de la quema, con un aparato de hierro muy sencillo, inventado por Domingo Cabello en 1859. Como se ve, nada nuevo bajo el sol: reciclado e incineración como métodos de tratamiento.

Sin embargo, ante las quejas recurrentes de los vecinos por la quema en las zonas céntricas, se buscó un lugar en los suburbios de la Ciudad y se encontró uno en el suroeste, despoblado y apartado, en tierras de muy bajo valor económico, inundables, y lejanas al centro.

Estaba ubicaba entre el Camino de las Cina-cinas (Av. Amancio Alcorta), el Paso de Burgos y el Puente Alsina; las estribaciones de los Altos de la Convalecencia
(inmediaciones de la actual Vélez Sarsfield); el Riachuelo y la actual Av. Sáenz. Amplio sector del actual barrio de Parque Patricios, donde se ubica el Club Huracán, en el de la “pasión quemera”.

Desde 1860 comenzó a funcionar ese predio “de hecho” como sitio para la quema de residuos, hasta 1873, que se inauguró formalmente. Desde ese año comenzó a utilizarse el método inventado en 1872 por el Administrador General de Limpieza Pública, Ángel Borches, consistente en la “quema al aire libre”. Allí, se colocaba la basura en “parrillas de hierro, en donde se las quemaba a fuego lento”, sin otro tratamiento final más que la incineración a cielo abierto.

Para la misma época se construyó un ramal del Ferrocarril Oeste que se desprendía de su línea principal a la altura de la actual calle Agüero, y llegaba hasta el Riachuelo. Allí se instaló la estación del mismo nombre, luego denominada Ingeniero Brian. Fue conocido como “el tren de la basura” y surcaba las actuales calles: Sánchez de Bustamante, Sánchez de Loria, Oruro, Deán Funes y Zavaleta.

El “vaciadero” de Balvanera

Dado el incremento de la cantidad de residuos se construyó un embarcadero para
depositar las basuras hasta tanto fueran llevadas a la “quema”. Dicho lugar, luego conocido como el “vaciadero”, fue ubicado entre las actuales calles Rivadavia, Sánchez de Loria, Hipólito Irigoyen y Esparza.

La basura quedaba estacionada durante horas en los vagones hasta que el tren partía, lo que provocaba quejas de los vecinos por los olores, la suciedad y la dificultad para transitar por la zona y por la aparición de sujetos en busca de materiales reutilizables, ya que el “cirujeo”, no sólo aparece en la “quema” sino en el camino hacia ella. Con el cierre del tren, en septiembre de 1895 los carros recolectores comenzaron a extender sus recorridos para cubrir el tramo que antes hacía el tren, llegando hasta el basural.

La basura era un bien preciado para muchos, que la disputaban. El historiador Luis Martín describe que el carrero sólo a base de gran vaquía podía mantener con firmeza las riendas, en una mano y con la otra, amagar a latigazos a los “culateros”, denominación especial del “ratero” que por la culata trepaba para sustraer, con increíble celeridad, algo de lo celosamente separado por el conductor con intenciones de venta”.

A la “quema” llegaban todos los desperdicios de la Ciudad y allí se separaban trapos, vidrios, lana, papeles, maderas, estiércol, restos de alimentos, que eran apartados antes de la quema de lo no reutilizable. Otros elementos, como los huesos y los animales muertos eran usados en el sitio mismo de la quema. Se transportan en bolsas hasta unos galpones donde se les sometía a la cocción por el vapor para extraerles la grasa.

Si bien las fuentes no permiten precisar suficientemente el asunto, pareciera que este sistema de separación de desechos reutilizables era el “oficialmente” adoptado por la Municipalidad de la ciudad de Buenos Aires, que realizaba contratos con empresarios particulares para separar los residuos, antes de su tratamiento en las parrillas.

Por lo menos, así lo indica un informe realizado por la Comisión de Estudios de la Basura, en 1899, que establece que “hasta hoy, la municipalidad ha enajenado, mediante una retribución mensual exigua, el derecho a explotar las basuras a empresarios que la someten a un régimen de explotación abominable, eminentemente peligroso para la vida de los trabajadores empleados en la separación de los elementos utilizables y de la salud pública en general”.

Según este método, los “peones” se dedicaban a la separación de los residuos a los que extraían materiales con algún valor. Luego de ello, se amontonaban en parrillas de incineración, donde se las quemaba.

Pero en la “quema”, no sólo realizaban su actividad dichos “peones”, también
hombres, mujeres y niños que reproducían sus condiciones de existencia a partir de los residuos hallados en el sitio.

A partir de esta situación, en los contornos de la “quema” comenzó a formarse un
barrio, llamado “de las ranas o de las latas”, que existió aproximadamente hasta 1917 y puede ser considerado el primer asentamiento compuesto por cirujas.


Norberto Alonso

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