Porte√Īas | Patrimonio urbano

C√ļpulas porte√Īas

El viajero aprende a descubrirlas cuando regresa de apreciar los edificios notables de otras ciudades. Como una suerte de oficio adquirido de "apreciador de la ciudad", vuelve a ver o mira por primera vez, las c√ļpulas que rematan muchas de nuestras joyas arquitect√≥nicas. Desde el √°rea del Patrimonio Hist√≥rico de la Ciudad registran m√°s de 600 de estos art√≠sticos domos que rematan la mayor√≠a de los inmuebles m√°s valiosos de Buenos Aires. Casi todos tienen cubiertas de pizarra y su reparaci√≥n depende de un pu√Īado de expertos, que heredaron el oficio de sus padres y abuelos. En Balvanera se localizan muchas de estas antiguas joyas.

Buenos Aires, 28 de noviembre de 2017. Las c√ļpulas de Buenos Aires constituyen un patrimonio que no miramos. Su futuro depende de las habilidades manuales de unos artesanos que heredaron el oficio de pizarreros, tra√≠do al pa√≠s hace un siglo por sus antepasados europeos. Especialistas como Christian Dorfler, √ļltimo de una familia de pizarreros alemanes que se inici√≥ en el oficio en 1700, las tienen para manipular con raras herramientas y dejar las pizarras negras, de cobre o de zinc, de iglesias y palacios centenarios, tan elegantes como cuando se inauguraron.

Su familia tiene catalogadas 160 obras, entre las m√°s emblem√°ticas la c√ļpula del Congreso, las de las estaciones de Retiro y Constituci√≥n, la del Palacio de Aguas Argentinas, la de la Catedral de San Isidro, la Bas√≠lica de Luj√°n, la del Palacio de Correos y el CCK, √©sta √ļltima la m√°s significativa para la familia. Es que fue all√≠ donde, en 1921, el abuelo Rudolf, reci√©n llegado a la Argentina, consigui√≥ su primer trabajo como maestro pizarrero contratado por la subcontratista de la firma Geop√©, que lo hab√≠a encontrado en el libro de oficios del Hotel de los Inmigrantes. Doscientos a√Īos despu√©s de que el primer Dorfler empu√Īara el martillo -herramienta emblema del pizarrero- en la Argentina la prosperidad del siglo XIX y de la primera mitad del siglo XX pobl√≥ las calles de de bellos edificios con c√ļpulas, torres y mansardas.

Casi 90 a√Īos despu√©s, cuando en 2010 Christian trabajaba sobre la c√ļpula del CCK, se encontr√≥ con varias pizarras manuscritas y firmadas por su abuelo: "Cubierta de pizarra realizada desde enero hasta diciembre de 1922", se lee en aquella reliquia familiar.

Un preinventario del Ministerio de Cultura registra m√°s de 600 obras en la Ciudad de Buenos Aires y la mayor√≠a est√° en los barrios de San Nicol√°s y Balvanera, precisaron desde Patrimonio Hist√≥rico. Muchas c√ļpulas, algunas m√≠ticas, se perdieron por los altos costos de reparaci√≥n y falta de pol√≠ticas de mantenimiento, pero Dorfler destaca que hace poco m√°s de 10 a√Īos se sigui√≥ la l√≠nea de Europa y se tom√≥ conciencia del valor del patrimonio arquitect√≥nico y cultural."Las iglesias, antes con fondos propios, y organismos privados comenzaron la reparaci√≥n de c√ļpulas. Tambi√©n hubo inversi√≥n estatal. Hay grandes licitaciones como Retiro, Constituci√≥n, a donde nos llaman para poner la frutilla del postre, digamos", explica este experto en alturas urbanas.

El sacrificio y la dedicaci√≥n que demandan el trabajo de pizarrero y el celo con el que √©stos guardaban sus secretos contribuy√≥ a que actualmente haya muy pocos especialistas en el pa√≠s, pese a que el propio Dorfler, arquitecto con un m√°ster en patrimonio hist√≥rico, luch√≥ contra el "ocultismo" que ejerc√≠an su padre y su abuelo ante los ajenos al clan familiar. 

"Cuando un arquitecto sub√≠a a una c√ļpula mi viejo largaba el martillo y se pon√≠a a hablar de otra cosa para que no lo vieran hacer el trabajo", revela. Amante de la docencia, el joven Christian -en cambio- disfruta contando secretos, t√©cnicas y trucos de este arte."Mi viejo me ped√≠a que no contara las cosas. Pero necesitamos transmitir lo que hacemos, que esto se aprenda, porque nos falta mano de obra capacitada. Todos nuestros encargados empezaron trabajando conmigo, de muy j√≥venes", argumenta. 

La restauraci√≥n de una c√ļpula es al rev√©s que la de una obra normal, ya que en las iglesias y en los grandes edificios p√ļblicos el interior es clave para su subsistencia. El cielo raso, con el correr de los a√Īos, se deteriora y lo primero es impedir el ingreso del agua. "La restauraci√≥n lleva m√°s tiempo que hacer un techo nuevo porque tratamos de recuperar estructuras de distintos tipos de madera, de pino oregon, que si bien puede llevar 100 a√Īos ah√≠ ya ten√≠a 300 de antig√ľedad", explica. 

Sobre ese esqueleto, las cubiertas que contribuyen en gran parte a su esplendor est√°n hechas de pizarras -antiguamente tra√≠das de Francia-, de pizarra con zinc, de pizarra con cobre o de zinc-cobre, un metal que con el tiempo se pone verde por la oxidaci√≥n. 

En la reparaci√≥n del Congreso, entre las canaletas desoldadas y partes que ya no serv√≠an por falta de mantenimiento, el equipo del arquitecto Dorfler se encontr√≥ con decenas de balas de los bombardeos de 1955, pero tambi√©n entre los la Bas√≠lica de Luj√°n, en los que seg√ļn la leyenda hab√≠a un cura que practicaba punter√≠a con las palomas. 

La c√ļpula del Congreso llev√≥ dos a√Īos y la del Palacio de Aguas Argentinas, tres, porque cualquier mansarda (ventana sobre el tejado que se usa para iluminar y ventilar fachadas y c√ļpulas), por m√°s peque√Īa que sea, demanda como m√≠nimo seis meses de trabajo. 

Mientras camina por el taller y muestra c√≥mo sus colaboradores cortan en no m√°s de medio segundo pizarras de zinc, Dorfler explica que el alto costo de reparar una c√ļpula no s√≥lo pasa por el trabajo artesanal, sino tambi√©n por los materiales. "Nada es nacional. La pizarra de laja, que antes se extra√≠a de Francia, ahora viene de Espa√Īa; las de zinc deben tener una pureza del 99%, vienen de Alemania y sale 15 veces m√°s que una chapa galvanizada local. Constituci√≥n demand√≥ 30 mil piezas", detalla.

En total, su equipo de trabajo est√° compuesto por 30 personas, pero son entre 12 y 23, incluidos estudiantes de Bellas Artes, los artesanos que suben a la c√ļpula sin importar el fr√≠o, el calor, o la lluvia, porque saben que con sus manos rescatar√°n y embellecer√°n una parte importante de nuestra historia.


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