Historias de nuestra comuna | Huellas. Voces y trazos de nuestra memoria

De secuestros y desapariciones

Mirta Mabel Barrag√°n, Leonardo Rub√©n Sampallo, Ana Mar√≠a Bonatto y Eduardo Emilio Azurmendi, fueron secuestrados de su domicilio en Viamonte 2565 en la ciudad de Buenos Aires el 6 de diciembre de 1977 y detenidos en los Centros Clandestinos de Detenci√≥n ‚ÄúClub Atl√©tico‚ÄĚ y ‚ÄúEl Banco‚ÄĚ. A la fecha permanecen desaparecidos. Buenos Aires, 4 de abril de 2017. Eugenia Azurmendi, hija de Ana Mar√≠a Bonatto y Eduardo Azurmendi es autora de uno de los cinco relatos que forman parte del libro Huellas. Voces y trazos de nuestra memoria. Titulado ‚Äú¬ŅD√≥nde se queda un beb√© sin ning√ļn brazo que lo acune?‚ÄĚ, comienza pregunt√°ndose: ¬ŅC√≥mo se habr√° escuchado ese silencio penetrante en aquel departamento del barrio de Once despu√©s de que los milicos entraran a las patadas y se llevaran a los cuatro? Tocaron el timbre una y otra vez. Nunca entend√≠ por qu√©, si iban a entrar igual sin pedir permiso despu√©s de cortar la calle con los camiones del ej√©rcito. Quedaron los muebles dados vuelta, los armarios abiertos, la ropa en el piso y una cajita de zapatos. Me contaron que durante un tiempo me asustaba mucho cuando escuchaba un timbre y que dec√≠a ‚Äúsaltaron por la ventana, saltaron por la ventana‚ÄĚ. No lo recuerdo. Como nada de lo que sucedi√≥ ese d√≠a ni ninguno de los que compart√≠ con mis viejos. Como nada de lo vivido con ellos: ni sus caras, ni sus voces, nada. Y lo que sigui√≥ fue el silencio profundo del que no quiere (o no puede) hablar. Ese silencio del que no puede (o no quiere) escuchar. Se llevaron a los cuatro. Nos dejaron a los tres chicos en el departamento. Gustavo Rojas, el hijo de Mirta, ten√≠a cinco a√Īos y esperaba una hermana. Yo, dos y medio. Mi hermano Manuel, casi nueve meses. ¬ŅD√≥nde se queda un beb√© que se despierta de noche sin su mam√° ni ning√ļn brazo que lo acune? Eso no lo s√©. Eso no me lo contaron. Quiz√°s lleg√≥ el encargado del edificio. √Čl narra los hechos que se describen en el legajo que tantas y tantas veces le√≠: ‚ÄúCircunstancias del secuestro: a las 12 de ese d√≠a el portero manifest√≥ a las 5 de la ma√Īana se los llevaron a todos, y a los chicos los vino a buscar la polic√≠a a las 8‚ÄĚ. As√≠ fue que llegamos a la comisar√≠a 7ma de la calle Lavalle.

En el departamento viv√≠an mis pap√°s Ana Mar√≠a Bonatto y Emilio Azurmendi, junto a Mirta Barrag√°n y Leonardo Sampallo, compa√Īeros del movimiento obrero. Mis viejos hab√≠an comenzado su participaci√≥n pol√≠tica en la Universidad y se incorporaron al Partido Comunista Marxista-Leninista. En la comisar√≠a quedamos los tres. Una asistente social localiz√≥ a mi t√≠a Mirta que nos fue a buscar. Gustavo qued√≥ all√≠ varios d√≠as m√°s hasta que encontraron a su familia paterna. El beb√© que crec√≠a en la panza de su mam√° iba a nacer en cautiverio alg√ļn d√≠a del mes de febrero. Iba a criarse lejos de su hermano y de la verdad.

Me cuesta imaginarme ese diciembre. S√© de fiestas y celebraciones te√Īidas de dolor. S√© de la b√ļsqueda desesperada de mis abuelas. Pero todo eso lo supe despu√©s. Porque en esos primeros meses no pudieron decirnos nada. Y qu√© nos iban a decir si estaban buscando todav√≠a con alguna esperanza. No s√© muy bien c√≥mo, pero me fui haciendo a la idea de que iban a volver y empec√© a esperarlos. A mirar por la ventana so√Īando el d√≠a en que los viera entrar por el port√≥n blanco de la casa de Gonnet. O imaginaba encontrarlos en la calle. ¬ŅMe reconocer√≠an despu√©s de tantos a√Īos? El silencio produce estas cosas porque con algo hay que llenar la ausencia si no pudiste saber que all√≠ habitaba la muerte‚ÄĚ.
Norberto Alonso


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