Editorial | La seguridad en la agenda política

Año definitorio

El que inicia será un año determinante para las ambiciones políticas de Horacio Rodríguez Larreta. También para la proyección del gobierno de Mauricio Macri. Ganar en este, su territorio, el lugar que vio nacer y que forjó el carácter de alianza plural de derechas que distingue al PRO y a Cambiemos, es imperioso y debe hacerlo por amplio margen. Buenos Aires, 4 de enero de 2016. En la anterior elección el ladero del presidente casi ve frustrada su ambición de sucederlo por la irrupción como competidor de un aliado del armado nacional de su fuerza. Lousteau representó una extensa franja de porteños que no ven con buenos ojos la gestión macrista en la Ciudad. Ese fenómeno puede repetirse ahora. Han transitado una década y ya no pueden endilgarle al gobierno nacional responsabilidades por los problemas que no pueden resolver aquí.

Ante todo, la inseguridad. En sus dos vertientes. La violencia policial y la ola de delitos que no parece poder contener la suma de las policías que ahora se llaman Policía de la Ciudad. Una ola que, últimamente, provocó el asesinato cruel e inútil del pibe Brian en Flores y la posterior toma de la Comisaría 38 por los vecinos indignados que coreaban “que se vayan todos y no quede uno solo”, como en el 2001. La única respuesta que tiene el ministro del área es saturar de presencia de uniformados las calles. Un método riesgoso con policías bravas, carentes de adecuado entrenamiento y muchas veces enredadas en las tramas delictuales, sobre todo cuando de drogas se trata.

Aunque el silencio de los grandes medios pretenda ocultarlo y una parte de la población erróneamente convalide, la policía del “gatillo fácil” se instaló ya entre nosotros. El hombre fusilado a plena tarde en la avenida Jujuy, casi Carlos Calvo, sobre cuya muerte tratamos en una nota aparte, no es un caso aislado.

Menos conocida pero tan grave fue la irrupción de una patota policial, sin orden judicial, en una sala de internación del Hospital Neuropsiquiátrico Infantil Carolina Tobar García el pasado 20 de diciembre. Lo inusitado y violento del hecho generó un repudio unánime, expresado en un comunicado que sólo circuló en las redes sociales, firmado por todas las organizaciones sindicales que actúan en el ámbito de la salud pública, las que abandonaron por un rato su entretenimiento principal que es hacerse zancadillas unas a otras.

Otra víctima del accionar policial fue el vecino de Mataderos tiroteado y asesinado por los que deben cuidar la seguridad de todos, mientras perseguían a unos delincuentes que venían de un asalto a mano armada. El hecho sucedió al día siguiente de Navidad y dejó un mensaje muy duro para los tiempos que vienen. “Yo voy a hacer justicia propia (…). Yo no necesito la ley, la ley soy yo: Oscar”, afirmó el padre del muerto.

Por si todo esto no alcanzara para describir un panorama incierto y exigente, cuya resolución se va a juzgar en las urnas, Macri despidió al año deseando que Horacio encuentre el modo de ponerle límites a los “piqueteros”, que todos los días cortan el centro de la ciudad. Transferida la policía, asegurar el orden en las calles es una responsabilidad del gobierno local, aunque la mayor parte de las movilizaciones y reclamos ciudadanos sean originados por la política nacional.

Nuevos aumentos de tarifas y servicios básicos, más despidos en organismos públicos, una economía que no arranca mientras aumenta la desocupación, desalojos compulsivos, no presagian un año tranquilo en ese sentido. Menos cuando se criminaliza la protesta social y los que demandan justicia, terminan presos y condenados como Milagro Sala. La policía brava, que irrumpe sin orden de allanamiento y mata al paso, tampoco es garantía de paz social. Por eso, para los porteños y para Larreta este será un año definitorio.

Lic. Gerardo Codina

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